Los hombres no son islas

Aquí les comparto una reflexión de Thomas Merton que me gusta mucho. Se encuentra en su libro, Los hombres no son islas.

 

Thomas Merton teologia y filosofia

Thomas Merton

Comenzamos a comprender la importancia positiva, tanto de los éxitos como de los fracasos y los accidentes de nuestra vida, únicamente cuando nos vemos en nuestro verdadero contenido humano, como miembros de una raza que está proyectada para ser un organismo y un «cuerpo.» Mis logros no son míos: el camino para llegar a ellos fue preparado por otros.

El fruto de mis trabajos no es mío, pues yo estoy preparando el camino para las realizaciones de otros. Tampoco mis fracasos son míos, sino que pueden derivar del fracaso de otros, aunque también están compensados por las realizaciones de esos otros. Por tanto, el significado de mi vida no debe buscarse únicamente en la suma total de mis realizaciones. Sólo puede verse en la integración total de mis logros y fracasos, junto con los éxitos y fracasos de mi generación, mi sociedad, y mi época. Pueden verse, sobre todo, en mi integración dentro del misterio de Cristo. . . .

Todo hombre es un pedazo de mí mismo, porque yo soy parte y miembro de la humanidad. Todo cristiano es parte de mi cuerpo, porque somos miembros de Cristo. Lo que hago también para ellos, con ellos y para ellos. Lo que hacen, lo hacen en mí, por mí y para mí. Con todo, cada uno de nosotros es responsable de su participación en la vida de todo el cuerpo. La caridad no puede ser lo que se pretende que sea si yo no comprendo que mi vida representa mi participación en la vida de un organismo totalmente sobrenatural al que pertenezco. Únicamente cuando esta verdad ocupa el primer lugar, encajan las otras doctrinas en su contexto adecuado. La soledad, la humildad, la negación de uno mismo, la acción y la contemplación, . . . la familia, la guerra y la paz: nada de esto tiene sentido si no está en relación con la realidad central, que es el amor de Dios que vive y actúa en aquellos a quienes Él ha incorporado en Cristo. Nada, absolutamente nada tiene sentido si no admitimos, como John Donne, que «los hombres no son islas, independientes entre sí; todo hombre es un pedazo del continente, una parte del Todo.»

 

Thomas Merton. (1966). Los hombres no son islas. Buenos Aires: Editorial Sudamericana.

Jesús: ¿El hombre más inteligente?

Cuando hablamos de los grandes pensadores de la humanidad, mencionamos a Platón, Sócrates, René Descartes entre otros. Al analizar cada caso, respetamos su capacidad no sólo para pensar, sino también para comunicar una idea o ideología. Son personas que han tomado tiempo para reflexionar, probar ideas y compartir sus conclusiones a través de la escritura.

 

Los grandes pensadores de la historia han formulado filosofías, otros han hallado importantes descubrimientos científicos otros han orquestado sinfonías emocionantes. Cada uno ha tenido su inteligencia y lo han sabido desarrollar para el bien de la humanidad.

 

Ahora me pregunto, cuando mencionamos los grandes pensadores y maestros, ¿por qué muy pocas veces hablamos de Jesús? No hay dudas que la mayoría de las personas admiran sus enseñanzas éticas. Incluso, muchos que niegan su divinidad, llamándole mentiroso, dan un gran valor a la vida moral que promovía. Sin embargo, pocos afirman que Jesús fue un hombre inteligente.

 

Lamentablemente, en nuestra sociedad hoy en día, la inteligencia se entiende en parte como un rechazo a lo sobrenatural. Algunos dicen, «¿Cómo podemos nosotros, en una época de tecnología y ciencia, creer en un hombre que andaba sanando gente y que supuestamente se resucitó?» Nuestra sociedad señala a la inteligencia de las personas escépticas que afirman sólo lo que puede ser empíricamente comprobado. Hay que verlo para creerlo.

 

Jesús pasó unos tres años de su ministerio señalando verdades espirituales y llamando a una vida diferente basada en una relación con su Padre. ¿Será por eso que el mundo no le estima? ¿Por eso la gente no le reconoce a Jesús como un ser inteligente?

 

El filósofo cristiano Dallas Willard escribe, «puede estar seguro que nada fundamental ha cambiado en nuestro conocimiento acerca de la última realidad y del ser humano desde el tiempo de Jesús.» Y no sólo eso, la enseñanzas de Jesús acerca del ser humano y la última realidad no tendrán coherencia con las filosofías que se propagan hoy en día – no por su antigüedad, sino por su naturaleza.

 

Jesús señala verdades espirituales. Jesús, sintonizado con el Padre revela la verdad acerca de nuestra vida en este mundo. Willard continua diciendo, «nuestro compromiso con Jesús no puede apoyarse en otro fundamento que reconocer que él es quien conoce la verdad acerca de nuestras vidas y nuestro universo. No es posible creer a Jesús, ni a nadie más, en áreas en los cuales no le creemos competente. No podemos pedir su ayuda y confiar en su colaboración con nuestras vidas si sospechamos que sobrepasarán su conocimiento o sus habilidades.»

 

¿Podríamos creer a un Señor que nos parece poco listo? ¿Podríamos someternos a un Señor que está poco informado acerca de la realidad del universo? No podríamos tomar en serio a Jesús si no pensábamos que realmente estuviera bien informado de todo, el ser más inteligente que jamás ha vivido.

 

La Biblia dice que el mundo fue creado a través de Jesús y que por él todas las cosas subsisten (Colosenses 1:17). Pablo escribe que en Jesús están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento (Colosenses 2:3).

 

Pensemos. Jesús supo transformar la estructura molecular para convertir agua en vino. Jesús supo multiplicar cinco panes y dos peces para alimentar más de cinco mil personas. No debería sorprendernos que al ver estas cosas, la gente le querían poner como rey de Israel.

 

Jesús supo sanar el cuerpo humano y hasta supo como revivir un muerto. Jesús supo como suspender la gravedad, interrumpir el clima y eliminar árboles que no daban fruto sólo con sus palabras.

 

En cuanto a la ética, nos ha dado un mayor entendimiento de la vida que ha influenciado el mundo más que cualquier otro. Su muerte no fue impuesta, él se entregó voluntariamente sabiendo que iba a resucitar de la muerte. Jesús dijo: «Entrego mi vida para volver a recibirla. Nadie me la arrebata, sino que yo la entrego por mi propia voluntad. Tengo autoridad para entregarla, y tengo también autoridad para volver a recibirla» (Juan 10:17-18).

 

Todas estas cosas muestran que Jesús tuvo un dominio sobre toda faceta de la realidad: la física, la moral y la espiritual. Alguien que no puede reconocer el hecho que «Jesús fue el más inteligente,» el más grande pensador, el mayor conocedor de la realidad, difícilmente podrá reconocer que «Jesús es Señor».

 

¡Jesús no sólo es simpático, es brillante! Él es el hombre más inteligente que haya pisado la tierra. Jesús siempre fue, es y para siempre será (Apocalipsis 1:8). Siempre ha tenido la mejor información en cuanto a nuestra existencia aquí en la tierra. Sólo él tiene palabra de vida.

Fuente: Dallas Wilard, The Divine Conspiracy: Rediscovering Our Hidden Life in God. New York City: Harper Collins, 1997.

Efesios 1:3-14 personalizado

Cambié los pronombres de primera persona plural (nosotros) a primera persona singular (yo) para personalizar el pasaje. Aunque el autor se dirige a la iglesia como un cuerpo (nosotros), también es un buen ejercicio ver que también Dios se relaciona con cada uno como individuos (yo). Espero que este pequeño ejercicio sea de bendición para todos. Dios les bendiga.

 

Alabado sea Dios, Padre de mi Señor Jesucristo, que me ha bendecido en las regiones celestiales con toda bendición espiritual en Cristo. Dios meescogió en él antes de la creación del mundo, para que fuera santo y sin mancha delante de él. En amor me predestinó para ser adoptado como hijo suyo por medio de Jesucristo, según el buen propósito de su voluntad, para alabanza de su gloriosa gracia, que me concedió en su Amado. En él tengo la redención mediante su sangre, el perdón de mispecados, conforme a las riquezas de la gracia que Dios me dio en abundancia con toda sabiduría y entendimiento. Él me hizo conocer el misterio de su voluntad conforme al buen propósito que de antemano estableció en Cristo, para llevarlo a cabo cuando se cumpliera el tiempo: reunir en él todas las cosas, tanto las del cielo como las de la tierra.

 

En Cristo también fui hecho heredero, pues fui predestinado según el plan de aquel que hace todas las cosas conforme al designio de su voluntad, a fin de que yo, que ya he puesto mi esperanza en Cristo, seapara alabanza de su gloria. En él también, cuando  el mensaje de la verdad, el evangelio que me trajo la salvación, y lo creífui marcado con el sello que es el Espíritu Santo prometido. Éste garantiza mi herencia hasta que llegue la redención final del pueblo adquirido por Dios, para alabanza de su gloria.

 

Efesios 1:3-14 NVI

Jesús, nuestra piedra de Rosetta

Aléjese por un instante para contemplar el punto de vista de Dios. Como espíritu que no está atado al tiempo y al espacio, él ha tomado de vez en cuando objetos materiales – como una zarza ardiente o una columna de fuego – para hacer obvia su presencia en el planeta tierra. Cada una de esas veces, ha adoptado el objeto con el fin de presentar el mensaje, como el actor que se pone una máscara y después sigue adelante. En Jesús, sucedió algo nuevo: Dios se convirtió en una de las criaturas del planeta, suceso sin paralelo, inaudito, único en el sentido más pleno de la palabra.

 

El Dios que llena el universo hizo implosión para convertirse en un niño pobre que, como todos los niños que han vivido, tuvo que aprender a caminar, hablar y vestirse. En la Encarnación, el Hijo de Dios se «imposibilitó» a sí mismo deliberadamente, cambiando su omnisciencia por un cerebro que tuvo que aprender el arameo un fonema tras otro; su omnipresencia por dos piernas y un asno de vez en cuando; su omnipotencia por unos brazos lo suficientemente fuertes para aserrar madera, pero demasiado débiles para defenderse. En lugar de supervisar un centenar de miles de millones de galaxias al mismo tiempo, se tuvo que limitar a un estrecho callejón de Nazaret, un montón de piedras en el desierto de Judea o una atestada calle de Jerusalén.

 

Gracias a Jesús, ya no tenemos que volvernos a preguntar si es cierto que Dios quiere tener intimidad. ¿Quiere Dios realmente perder el contacto con nosotros? Jesús renunció el cielo para tenerlo. Él en persona restableció el enlace original entre Dios y los seres humanos; entre el mundo visible y el invisible.

 

En una excelente analogía, H. Richard Niebuhr compara la revelación de Dios en Cristo con la piedra de Rosetta. Antes de su descubrimiento, los egiptólogos solo podían tratar de adivinar el significado de los jeroglíficos. Un día inolvidable, descubrieron una piedra negra que presentaba el mismo texto en griego, en la escritura del pueblo egipcio y en jeroglíficos anteriormente imposibles de descifrar. A base de comparar las traducciones entre sí, llegaron a dominar los jeroglíficos y pudieron contemplar con claridad un mundo del que solo habían tenido un conocimiento nubloso. Niebuhr dice después que Jesús nos permite «reconstruir nuestra fe». Podemos confiar en Dios porque confiamos en Jesús. Si dudamos de Dios, o lo encontramos incomprensible, imposible de conocer, la mejor de todas las curas consiste en mirar fijamente a Jesús, la piedra Rosetta de la fe.

 

Philip Yancey

Alcanzando al Dios invisible (145-49)

The Intimate Friendship of Jesus

WHEN Jesus is near, all is well and nothing seems difficult. When He is absent, all is hard. When Jesus does not speak within, all other comfort is empty, but if He says only a word, it brings great consolation.

 

Did not Mary Magdalene rise at once from her weeping when Martha said to her: “The Master is come, and calleth for thee”? Happy is the hour when Jesus calls one from tears to joy of spirit.

 

How dry and hard you are without Jesus! How foolish and vain if you desire anything but Him! Is it not a greater loss than losing the whole world? For what, without Jesus, can the world give you? Life without Him is a relentless hell, but living with Him is a sweet paradise. If Jesus be with you, no enemy can harm you.

 

He who finds Jesus finds a rare treasure, indeed, a good above every good, whereas he who loses Him loses more than the whole world. The man who lives without Jesus is the poorest of the poor, whereas no one is so rich as the man who lives in His grace.

 

It is a great art to know how to converse with Jesus, and great wisdom to know how to keep Him. Be humble and peaceful, and Jesus will be with you. Be devout and calm, and He will remain with you. You may quickly drive Him away and lose His grace, if you turn back to the outside world. And, if you drive Him away and lose Him, to whom will you go and whom will you the seek as a friend? You cannot live well without a friend, and if Jesus be not your friend above all else, you will be very sad and desolate.

 

Thus, you are acting foolishly if you trust or rejoice in any other. Choose the opposition of the whole world rather than offend Jesus. Of all those who are dear to you, let Him be your special love. Let all things be loved for the sake of Jesus, but Jesus for His own sake.

 

Jesus Christ must be loved alone with a special love for He alone, of all friends, is good and faithful. For Him and in Him you must love friends and foes alike, and pray to Him that all may know and love Him.

 

Never desire special praise or love, for that belongs to God alone Who has no equal. Never wish that anyone’s affection be centered in you, nor let yourself be taken up with the love of anyone, but let Jesus be in you and in every good man. Be pure and free within, unentangled with any creature.

 

You must bring to God a clean and open heart if you wish to attend and see how sweet the Lord is. Truly you will never attain this happiness unless His grace prepares you and draws you on so that you may forsake all things to be united with Him alone.

 

When the grace of God comes to a man he can do all things, but when it leaves him he becomes poor and weak, abandoned, as it were, to affliction.

 

Yet, in this condition he should not become dejected or despair. On the contrary, he should calmly await the will of God and bear whatever befalls him in praise of Jesus Christ, for after winter comes summer, after night, the day, and after the storm, a great calm.

 

by Thomas à Kempis, The Imitation of Christ

La amistad íntima con Jesús

¿Qué te puede dar el mundo sin Jesús? Vivir sin Jesús es un duro infierno y estar con Jesús es un dulce paraíso. Si Jesús está en ti ningún enemigo te podrá dañar.

 

El que halla a Jesús encuentra un rico tesoro, el más precioso de todos, y el que pierde a Jesús pierde algo más excelente que todo el mundo. Muy pobre es el que vivir sin Jesús y riquísimo el que está con él.

 

Saber conversar con Jesús es un arte grande y saber poseerlo una gran sabiduría. Sé humilde y pacífico y Jesús estará contigo; sé devoto y tranquilo y Jesús permanecerá contigo.

 

Si te inclinas hacia las cosas exteriores [materiales], puedes alejar pronto de ti a Jesús, y si le destierras de ti y lo pierdes, ¿a quién irías? ¿A quién buscarás como amigo?

 

Sin amigo, no se puede vivir contento, y si Jesús no es tu amigo predilecto, estarás muy triste y desconsolado. Neciamente obras, pues, si confías y te alegras en cualquier cosa. Es preferible tener todo el mundo contrario que ofender a Jesús. Por lo tanto, entre todos los que aprecias, sea Jesús el que amas en modo especial.

 

Ama a todos por amor de Jesús, y a Jesús por sí mismo. Solamente a Jesús se le ha de amar en modo particular, porque es el único bueno y fiel entre todos los amigos.

 

Por él y en él debes amar a los amigos y a los enemigos, y rogar por todos para que todos lo conozcan y lo amen.

 

Nunca codicies ser particularmente alabado y ensalzado, porque eso sólo le pertenece a Dios, que no tiene semejante. Tampoco quieras ocupar el corazón de alguien o que alguno ocupe el tuyo. Que únicamente Jesús esté en ti y en todo hombre bueno.

 

Tomás de Kempis en La imitación de Cristo

¡Feliz día de acción de gracias!

Este año yo doy gracias por . . .

 

La muerte, sepultura y resurrección de Jesucristo, la iglesia, mi familia, mis amigos, el latté de vanilla, mochachinos de Nescafé, enchiladas de pollo con queso (mi mamá las hace súper bien), ceviche, el canto a cappella, música jazz, swing y salsa, yerba mate, los panas, playas caribeñas, aprender nuevos idiomas, vuelos sobrecargados y demasiado largos, pagar por exceso de equipaje, esquivar choros en Caracas, el Metro alborotado, las pruebas y tentaciones de la vida cotidiana.

 

¡Doy gracias a Dios por lo bueno y por lo malo porque todas estas cosas hacen parte de la vida que Dios me ha dado! De todos modos, ¡no habrán ni choros ni vuelos sobrevendidos en los cielos! La bendición, la provisión y la providencia de Dios nos acuerdan de su bondad. Las cosas negativas en nuestras vidas nos acuerdan de nuestra necesidad de él.

 

Hoy estoy triste porque estoy lejos de mi familia, unos 8.786 kilómetros. Sin embargo, doy gracias porque hoy puedo almorzar con mis amigos y hermanos cristianos de diferentes países en Buenos Aires donde voy a comenzar a trabajar el año que viene. Jesús ha sido fiel a su promesa en Marcos 10:29-30.

 

—Les aseguro —respondió Jesús— que todo el que por mi causa y la del evangelio haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o terrenos, recibirá cien veces más ahora en este tiempo (casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y terrenos, aunque con persecuciones); y en la edad venidera, la vida eterna.

 

¡Feliz día de acción de gracias y muchos abrazos y besos desde la Argentina!

El susurro de Dios

De vez en cuando es bueno recordar quienes somos. El mundo nos dice que somos inteligentes o tontos, bonitos o feos, talentosos o incapaces. A veces nos dejamos llevar por la voz del mundo que nos lleva hacia la autosuficiencia y la autodestrucción. Al creer la voz del mundo, siempre nos alejamos de nuestro Padre. Por eso, tenemos que recordar quienes somos. ¡Fuimos redimidos y Dios tiene grandes planes para con nosotros!

 

Dice la Palabra que Dios llamó a Elías a través de un suave murmullo. Dios podía haber gritado, sonado la trompeta, hasta confeccionado una tormenta para llamar la atención del profeta. Sin embargo, sólo empleó un suave murmullo, un susurro. ¿Por qué? Dios no tuvo que agotar sus recursos para comunicar su voluntad al profeta  porque Dios no le quería imponer su voluntad. Dios quiere que le obedezcamos libremente. Él no quiere nuestras obras, quiere nuestros corazones. Y un suave murmullo siempre hace bien al corazón.

 

Dios susurra mientras el mundo hace bulla. En medio de toda esa bulla está Dios, con un suave murmullo – llamándonos a casa. Nos cuesta escuchar el susurro de Dios y mucho más si no estamos atentos. Elías estaba atento, procurando ese contacto con Dios. Muchas veces nos dejamos llevar tanto que la bulla ahoga el suave murmullo. La verdad de Dios se pierde entre tanta mentira por nuestra propia desobediencia.

 

Somos el pináculo de la creación. Nuestro Dios se esmeró cuando nos hizo porque nos hizo para su propia gloria. Dejamos de glorificar a Dios cuando buscamos otro rumbo en la vida. La vida pierde sentido. A veces después de alejarnos de Dios, cuestionamos a Dios y le exigimos respuestas de porque nos va tan mal. ¿Hasta cuándo vamos a resistir el abundante y suficiente amor de Dios?

 

Tú eres hija de Dios. Tú eres hijo de Dios. Busca la gloria de tu Padre.

 

Proverbios 3:5-6 lo dice así: «Confía en el Señor de todo corazón, y no en tu propia inteligencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él allanará tus sendas.»

 

Escúchalo, reconócelo y confía en él.

Las resoluciones de Jonathan Edwards

Aquí les dejo algunas “Resoluciones” del evangelista americano Jonathan Edwards (1703-1758). Fueron parte de su compromiso con Dios como cristiano y como evangelista.

 

 

Estando consciente de que soy incapaz de hacer cualquier cosa sin la ayuda de Dios, humildemente le ruego que, a través de su gracia, me capacite a cumplir fielmente estas resoluciones, mientras que ellas estén dentro de su voluntad, en nombre de Jesucristo.

 

Recordaré de leerlas una vez por semana.

 

1.  Resolví que haré todo aquello que sea para la mayor gloria de Dios y para mi propio bien, provecho y agrado, durante todo mi tiempo de mi peregrinación, sin nunca tomar en consideración el tiempo que eso exigirá de mí, sea ahora o por la eternidad fuera. Resolví que haré todo lo que sienta que sea mi deber y que traiga beneficios para la humanidad en general, no importando cuántas o cuán grandes sean las dificultades que tenga que enfrentar.

 

6.  Resolví vivir usando todas mis fuerzas mientras viva.

 

7.  Resolví jamás hacer alguna cosa que yo no haría, si supiese que estuviera viviendo la última hora de mi vida.

 

8.  Resolví ser a todos los niveles, tanto en el hablar como en el hacer, como si no hubiera nadie más vil que yo sobre la tierra, como si yo mismo hubiera cometido esos mismos pecados o sólo sufriera de las mismas debilidades y fallas que todos los otros; también nunca permitiré que el tomar conocimiento de los pecados de los otros me venga a traer algo más que vergüenza sobre mí mismo y una oportunidad de poder confesar mis propios pecados y miseria a Dios.

 

28.  Resolví estudiar las Escrituras de tal modo firme, preciso, constante y frecuente que me sea hecho posible y que me dé cuenta de forma inequívoca de que estoy creciendo en el conocimiento real de la Palabra de Dios.

 

33.  Resolví, hacer todo lo que podré hacer para hacer la paz accesible, posible de mantener, de establecer, siempre que tal cosa nunca pueda interferir o inferir contra otros valores mayores y de aspectos más importantes. Diciembre 26, 1722.

 

43.  Resolví que a partir de aquí, hasta que yo muera, nunca más actuaré como si de algún modo me perteneciera a mí mismo, pero enteramente y sobradamente perteneciente a Dios, como si cada momento de mi vida fuera un normal día de culto a Dios. Sábado, 12 de Enero de 1723.

 

52.  Yo, con mucha frecuencia, oigo a las personas de una edad avanzada hablando como vivirían sus  vidas de nuevo en caso les fuera dada una segunda oportunidad de vivirla. Yo resolví vivir mi vida ahora de tal manera como si yo estuviera pensando cómo ellos pensarían, como si ya fuera de edad avanzada. 8 de Julio, 1723.

 

57.  Resolví que, cuando yo esté en un estado de espíritu de temer adversidades o malos momentos, iré a examinarme a ver si eso no se debe a no haber cumplido todo mi deber y a cumplirlos a partir de entonces; y permitir que todo lo demás en mi vida sea entregado a la providencia de Dios para que yo pueda estar permanecer solamente absorbido y envuelto con mi deber y mi pecado delante de Dios y de los hombres. 9 de Junio y 13 de Julio, 1723.

 

69.  Resuelvo a hacer todo aquello que, viendo que otros hagan, yo pueda haber deseado haber sido yo a hacerlo. 11 de Agosto, 1723.

 

70.  Que haya siempre algo de benevolente en toda vez que me exprese en palabra. 17 de Agosto, 1723.

 

http://www.reavivamentos.com/es/libros/res_de_Edwards.html

El deber de todo ser humano

En la universidad tuve la oportunidad de estudiar biología. Fue fascinante estudiar el cuerpo humano, los animales y todo lo relacionado con la vida de los seres creados. A mí me llama mucho la atención la investigación científica por como puede mejorar la vida del ser humano a través de nuevos hallazgos en el campo de la medicina entre otros. Sin embargo, pasé más tiempo estudiando la teología: la ciencia de Dios. De estos estudios les dejo les dejo unas palabras de San Agustín acerca del deber del científico. En realidad, es el deber de todo ser humano: ver más allá de la creación y fijarse en el Creador.

 

«¡Te alabo porque soy una creación admirable! ¡Tus obras son maravillosas, y esto lo sé muy bien!» Sal 139:14.

Voy a recordar ahora delante de mi Dios aquel año vigésimo nono de mi vida. Había ya venido a Cartago un cierto obispo de los maniqueos llamado Fausto, que era una verdadera trampa del diablo y a muchos enredaba con el atractivo de su suave elocuencia. Yo, ciertamente, la alababa pero no la confundía con aquella verdad de las cosas de la cual estaba yo tan ávido. Lo que me interesaba no era el hermoso platillo de las palabras, sino lo que pudiera haber de sustanciosa ciencia en la doctrina que el dicho Fausto proponía. Mucho lo había levantado la fama ante mis ojos, como a varón peritísimo en toda clase de honestas disciplinas y especialmente perito en las artes liberales.

 

Y como había yo leído mucho de varios filósofos y lo tenía todo bien claro en la memoria, comparaba algunas de sus afirmaciones con las prolijas fábulas de los maniqueos y mucho más que éstas me parecían dignos de aprobación los principios de aquellos filósofos que fueron capaces de averiguar la naturaleza del mundo, aun cuando al Señor mismo del mundo no lo hayan llegado a conocer. Porque tú, Señor, eres grande, pones los ojos en las cosas humildes y a las grandes las miras desde lejos (Sb 13:9). No te acercas sino a los de corazón contrito, ni te dejas encontrar por los soberbios por más que en su curiosidad y pericia sean capaces de contar las estrellas y conocer y medir los caminos de los astros por las regiones siderales. En estas cosas tienen los sabios puesta su mente según el ingenio que tú les diste y, de hecho, muchas cosas desconocidas han descubierto. Han llegado a predecir con antelación los eclipses del sol y de la luna; en qué día y a qué hora y en qué grado iban a acontecer y no se engañaron en sus cálculos, pues todo sucedió como lo habían predicho. Escribieron luego sobre las leyes descubiertas y eso se lee hasta el día de hoy y sirve de base para anunciar en qué año, en qué mes, en qué día y a qué hora del día y en qué grado va a faltar la luz del sol o de la luna y tales predicciones resultan acertadas.

 

Todo esto llena de asombro y estupor a los que tales cosas ignoran; pero quienes las saben, llenos de complacencia y engreimiento, con impía soberbia se retiran de tu luz; prevén los oscurecimientos del sol pero no ven la oscuridad en que ellos mismos están, ya que no buscan con espíritu de piedad de dónde les viene el ingenio que ponen en sus investigaciones. Y cuando les viene el pensamiento de que tú los creaste no se entregan a ti para que guardes y conserves lo que creaste. Mundanos como llegaron a hacerse, no se inmolan ante ti, no sacrifican como a volátiles sus pensamientos altaneros, ni refieren a ti la curiosidad con que pretenden moverse entre los misterios del mundo como los peces se mueven en los escondidos fondos del mar; ni matan sus lujurias como se matan los animales del campo para que tú, que eres un fuego devorador, consumas sus muertos desvelos para recrearlos en la inmortalidad.

 

Pero no llegaron a conocer el camino. El camino, que es tu Verbo, por quien hiciste lo que ellos cuentan y a los que lo cuentan y el sentido con que perciben lo que cuentan y la inteligencia con que sacan la cuenta; y tu sabiduría no tiene número (Sal 146:5). Tu mismo hijo unigénito se hizo para nosotros sabiduría y justicia y santificación (1Co 1:30), fue contado entre nosotros y pagó tributo al César (Mt 22:21). No conocieron el camino para descender desde sí mismos hacia él para poder ascender hasta él. Ignorando pues este camino se creen excelsos y luminosos como los astros, cuando en realidad se han venido a tierra y se ha oscurecido su corazón (Rm 1:21).

 

Es cierto que muchas cosas verdaderas dicen de la creación, pero no buscan con espíritu de piedad al artífice del universo y por eso no lo encuentran, habiéndolo conocido no lo honran como a Dios, ni le dan gracias, sino que se desvanecen en sus propios pensamientos y se tienen por sabios (Rm 1:21-22), atribuyéndose lo que no es suyo sino tuyo. Por esto mismo te atribuyen a ti, con perversa ceguera, lo que es propio de ellos, suponiendo mentira en ti, que eres la Verdad. Truecan la gloria del Dios incorruptible según la semejanza de la imagen del hombre corruptible y a la imagen de volátiles, de cuadrúpedos y de serpientes (Rm 1:23). Convierten pues tu verdad en mentira y dan culto y servicio no al Creador, sino a la criatura.

 

De estos filósofos retenía yo muchas cosas verdaderas que habían ellos sacado de la observación del mundo y se me alcanzaba la razón de ellas por el cálculo y la ordenación de los tiempos y las visibles atestaciones de los astros. Comparaba yo eso con los dichos de Maniqueo, el cual escribió sobre esos fenómenos muchas cosas delirantes; pero en sus escritos no aparecía en modo alguno la razón de los equinoccios, los solsticios y los eclipses del sol y de la luna según lo tenía yo aprendido en los libros de la ciencia del siglo. Maniqueo me mandaba creer; pero la creencia que me mandaba no convenía con mis cálculos ni con lo que veían mis ojos: se trataba de cosas del todo diferentes.

 

¿Acaso, Señor, el que sabe estas cosas te agrada con sólo saberlas? Infeliz del hombre que sabiendo todo esto no te sabe a ti y dichoso del que a ti te conoce aunque tales cosas ignore. Pero el que las sepa y a ti te conozca no es más feliz por saberlas, sino solamente por ti, si conociéndote te honra como a Dios y te da gracias y no se envanece con sus propios pensamientos.

 

El que posee un árbol y te da las gracias por sus frutos sin saber cuán alto es y cuánto se extienden sus ramas está en mejor condición que otro hombre que mide la altura del árbol y cuenta sus ramas, pero ni lo posee ni conoce ni ama a su creador y, de manera igual, un hombre fiel cuyas son todas las riquezas del mundo y que sin tener nada todo lo posee (2 Co 6:10), con sólo apegarse a ti, a quien sirven todas las criaturas; aunque no conozca los giros de la osa mayor, en mejor condición se encuentra que el que mide el cielo y cuenta los astros y pesa los elementos, pero no se esmera por ti, que todo lo hiciste en número, peso y medida (Sb 11:20).

 

San Agustín, Las confesiones, Libro V, capítulos III y IV.