Amar al mundo – Merton

He terminado de leer las pruebas de El medio divino del padre Teilhard de Chardin que me ha enviado Harpers.

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Thomas Merton

Ciertamente, hay que amar al mundo, como él dice. Porque Dios amó al mundo y envió a Su Hijo al mundo para salvarlo.

 

Aquí el mundo significa el cosmos, y todo está centrado en Dios, todo Le busca.

 

El cristianismo debería hacernos «más visiblemente humanos», apasionadamente preocupados por todo lo bueno que existe, que quiere crecer en el mundo y que no puede hacerlo sin nosotros.

 

La indiferencia estoica cultivada por un cierto tipo de espiritualidad cristiana es, por tanto, una tentación diabólica y un vaciamiento de piedad, caridad, interés, así como endurecimiento del corazón, regresión y aislamiento.

 

Su preocupación es admirable, así como su indignación porque «los cristianos ya no esperan nada». Es verdad. Nada grande. Pero esperamos todo lo trivial.

 

Nuestra indiferencia con respecto a los verdaderos valores del mundo justifica nuestra banal atracción por sus falsos valores. Cuando olvidamos la Parusía y el Reino de Dios en el mundo, podemos –pensamos– ser hombres de negocios y hacer dinero de manera segura.

 

Los que aman al mundo en sentido equivocado, lo aman por su propio bien, lo explotan por su propio bien. Quienes lo aman verdaderamente, lo desarrollan, trabajan en él por Dios, para que Dios pueda revelarse en él.

 

Los diarios de Thomas Merton

26 de agosto de 1960: IV. 36-37.

Jesús, poeta de la compasión

¡Qué hermoso tener un Padre que, para hacernos saber cuánto nos ama, nos cuenta historias que nos agarran desprevenidos, nos sorprenden y nos desarman – removiendo obstáculos que podrían llevarnos a negar su amor para nosotros!

 

Taller de liderazgo Cochabamba Bolivia

 

El Dios de Jesucristo nos enseña con cariño quién es el Dios de compasión en los cielos que quiere hacer su morada entre nosotros acá en la tierra. Jesús no vino enseñando doctrinas abstractas, vino proclamando el amor de Dios que desea cambiar hasta lo más imperceptible de nuestra existencia.

 

Esta semana pasada tuve la bendición de compartir con personas muy queridas en Cochabamba, Bolivia – hermanos y hermanas que a mí me reflejan el amor compasivo de Dios. Fue un tiempo de mucho aprendizaje para mí. Aprendimos juntos en pequeños grupos haciendo exégesis, lectio divina y a través de obras de arte que dibujan el significado de las parábolas. Doy muchas gracias a Dios por el tiempo compartido y por los desafíos que nos llaman a profundizar cada vez más en el misterio que es la vida en Cristo Jesús.

 

¡Qué Dios les siga bendiciendo grandemente para que sus vidas y sus ministerios sean formados por el Dios de compasión que Jesús revela en las parábolas!

Evangelizadores porfiados

Por tanto, como sabemos lo que es temer al Señor, tratamos de persuadir a todos, aunque para Dios es evidente lo que somos, y espero que también lo sea para la conciencia de ustedes. No buscamos el recomendarnos otra vez a ustedes, sino que les damos una oportunidad de sentirse orgullosos de nosotros, para que tengan con qué responder a los que se dejan llevar por las apariencias y no por lo que hay dentro del corazón. Si estamos locos, es por Dios; y si estamos cuerdos, es por ustedes. El amor de Cristo nos obliga, porque estamos convencidos de que uno murió por todos, y por consiguiente todos murieron. Y él murió por todos, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para el que murió por ellos y fue resucitado.

Así que de ahora en adelante no consideramos a nadie según criterios meramente humanos. Aunque antes conocimos a Cristo de esta manera, ya no lo conocemos así. Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo! Todo esto proviene de Dios, quien por medio de Cristo nos reconcilió consigo mismo y nos dio el ministerio de la reconciliación: esto es, que en Cristo, Dios estaba reconciliando al mundo consigo mismo, no tomándole en cuenta sus pecados y encargándonos a nosotros el mensaje de la reconciliación. Así que somos embajadores de Cristo, como si Dios los exhortara a ustedes por medio de nosotros: «En nombre de Cristo les rogamos que se reconcilien con Dios.» Al que no cometió pecado alguno, por nosotros Dios lo trató como pecador, para que en él recibiéramos la justicia de Dios.

2 Corintios 5:11-21 NVI

 

 

Somos embajadores de Cristo, sus representantes en la tierra. Somos los pies y las manos de Jesús – debemos ir dónde él iría, hacer lo que él haría y decir lo que él diría.

 

Hace poco, un gran amigo me regaló el libro, Evangelizadores porfiados por Leonardo Biolatto. Al final de su libro, nos cuenta algunas características de aquellos embajadores que quiere Cristo.

 

Los evangelizadores porfiados:

 

Creen que Dios es esperanza, es posibilidad, es oportunidad

 

Creen que Dios es gracia

 

No creen que Dios quiera el mal de nadie ni que lo provoque

 

Creen que Dios no desea la violencia que mata

 

No creen en un Jesús maltratado por su Padre ni asesinado por deseo de Dios

 

Creen que Jesús es modelo de ser humano, y no un filósofo desencarnado o un sabio itinerante con una moral interesante

 

Creen que el Hijo de Dios se embarró los pies

 

Creen que Jesús de Nazaret es una respuesta amplia y plena para el ser humano

 

Creen que la resurrección afecta todo el universo

 

Creen que el Espíritu se mueve constantemente

 

Creen que el Reino de Dios es paradójico

 

Creen que las cosas cambian desde abajo

 

Creen que la evangelización tiene que revertir el estado injusto de las cosas

 

Creen que los pequeños son los protagonistas

 

Creen que deben criticar los sistemas

 

Creen que los banquetes son abiertos y para todos, y que en la comida compartida se hace presente el Reino

 

Creen que la evangelización es un servicio y, por ningún concepto, es una colonización

 

Creen que el servicio es el único camino de la evangelización

 

Creen que la vida es para vivirla en plenitud, y esa plenitud tiene que ver con la dignidad de otro

 

Creen que para liberar a los otros oprimidos hay que derramar la sangre propia

 

Creen que el otro es sujeto, no un objeto; un interlocutor, no un destinatario

 

Creen que dejarlo todo tiene sentido, aunque vivamos en una cultura de acumular por acumular

 

Creen que la religión que excluye es falsa

 

Creen que las verdaderas ofrendas y limosnas son las que dignifican al otro

 

Creen que no se necesitan dinero para anunciar la Buena Noticia

 

No creen que evangelizar consista en hacer proselitismo

 

Creen que la evangelización es un compromiso de los discípulos y de Dios para con la humanidad

 

No creen que la fe sea privada

 

No creen que el miedo tenga que reinar en las vidas

 

Creen en la comunicación, en el diálogo abierto, sincero, honesto

 

Creen que el lenguaje universal es el amor

 

Creen que el martirio es una posibilidad

 

Creen que deben tomar la posición de los últimos

 

Creen que tienen poder, pero no poder opresor, sino liberador

 

Creen que amar a Dios y amar al prójimo son dos aristas de un mismo amor

 

Creen que, si la vida no se da por los otros, se hace miserable

 

No creen que su acción necesite un reconocimiento

 

Creen en la utopías

 

 

El evangelismo (el contar sobre Jesús e invitar a las personas a seguir a Jesús) es atrevido. Es decir, algo pasó (Jesús vivió, murió, fue sepultado y resucitó de entre los muertos), debemos responder a lo que pasó (arrepentirnos y bautizarnos) porque algo más habrá de pasar (Jesús viene por segunda vez).

 

¿Tenés vos una convicción tan profunda de que Dios se ha hecho Rey del universo a través de Jesucristo que podrías ser considerado/a un/a evangelista porfiado/a?

Leonardo Biolatto. (2013). Evangelizadores porfiados. Buenos Aires: San Pablo.

Acerca de las futuras conversiones

Hace mucho venía escuchando del Monseñor Romero. Había leído citas suyas en varios libros. Había visto homenajes a su memoria. No fue hasta que visité la Feria del libro de la ciudad de Buenos Aires en mayo de este año que encontré una biografía suya que me llamó poderosamente la atención.

 

Monseñor Romero

Monseñor Romero

 

Monseñor Romero: testigo de la verdad es una biografía escrita por Jon Sobrino, sacerdote jesuita y teólogo español que vive y trabaja en El Salvador hace muchos años. Además de escribir acerca de su propio recuerdo de Monseñor Romero, Sobrino también hace un análisis teológico de su persona y vida.

 

Por falta de tiempo y otras lecturas que me apremiaban a principios de año, no tuve tiempo de leer el análisis teológico de Sobrino. Sin embargo, sentí la necesidad de conocer de cerca, aunque fuese por medio de otro, la vida y obra de Romero.

 

Aunque Romero vivió en otro momento histórico, en otra situación sociopolítica, creo que nos presenta un desafío hoy que no pierde su relevancia. A pesar de la distancia temporal y diferencias eclesiásticas y políticas que podrían llegar a manifestarse, las profundas convicciones de Romero acerca del amor de Dios por los pobres y marginados nos invitan a actuar hoy.

 

Uno de los puntos más interesantes que subraya Sobrino fue la «conversión» de Romero. Dice que siempre fue un hombre piadoso, creyente y amante del pueblo de Dios. Sin embargo, su vida tuvo un importante giro cuando tomó conciencia del estado desesperado de los pobres y marginados de su país.

 

Me hace pensar que de repente, en mi futuro y en el tuyo, estimado lector, también podrían haber futuras conversiones que nos acercan aún más a lo que Dios quiere de nosotros, sus siervos.

 

Jon Sobrino. (2012). Monseñor Romero: testigo de la verdad. Buenos Aires: Editorial Ciudad Nueva.

Barth sobre la carga del otro

«Ayúdense unos a otros a llevar sus cargas, y así cumplirán la ley de Cristo.»
Gálatas 6:2 NVI

 

Nadie puede dejar de lado las cargas del otro, ni tampoco las molestias que éste le ocasiona. ¡Ni siquiera le conviene desear quitárselas de encima! «Llevar» significa soportar, aguantar, sobrellevar mutuamente las mutuas molestias. «Llevar» significa hacer uso de la autorización y la posibilidad de perdonarse mutuamente los inconvenientes sufridos.

 

«Llevar» significa comportarse unos con otros de manera amable, no como se hace con las personas viles y malvadas, sino con las personas pobres y enfermas –algo así como lo que es natural entre los pacientes que comparten habitación en un hospital–. Por tanto, «llevar» es lo contrario de la ceguera e indiferencia frente a las recaídas y pecados de ambas partes, pero también lo contrario de toda indignada inculpación y reparto de golpes al tomarlos en consideración.

 

Karl Barth

Karl Barth

 

«Llevar» consiste en apoyarse todos unos a otros, cargando y encargándose del otro junto con las cargas de ambas partes, como compañeros en un camino que han iniciado juntos y que sólo juntos pueden seguir y rematar. «Llevar» supondrá también necesariamente descubrir la viga en el ojo propio y encontrarla mucho más interesante que la paja en el ojo del hermano.

 

Con ello se consigue que circule el aire entre unos y otros, mientras que todo lo demás sólo puede conducir a la asfixia. Con ello no cambia todo, pero sí algo. Al llevar mutuamente sus cargas, hacen en lo pequeño y particular lo que Él ha hecho y hace en lo grande y general, Él en cuanto Hijo de Dios y Salvador absoluto.

 

– Karl Barth

Salmo 15 en Latinoamérica

Los salmos fueron siempre el himnario del pueblo judío y de la iglesia primitiva. Se dice que el pentateuco (los primeros cinco libros de la Biblia) es la revelación escrita de Dios. También se dice que los salmos (originalmente cinco libros diferentes) son la respuesta escrita del hombre a Dios. Dios, en los primeros cinco libros de la Biblia nos habla. Nosotros, en los salmos, respondemos a Dios.

 

Ha habido varios intentos de «modernizar» los salmos o por lo menos, interpretarlos a la luz de nuestro mundo hoy. Un trabajo ejemplar, en este sentido, es del poeta latinoamericano Ernesto Cardenal.

 

Ernesto Cardenal

 

En el prólogo de su libro, Salmos, Dorothee Sölle escribe:

 

«Los Salmos de Ernesto Cardenal unen sin suturas elementos bíblicos y modernos. En ningún momento se pierde de vista el mundo actual. Los medios con los que seres humanos son hoy amenazados por seres humanos defieren, pero el miedo y la protesta, el sufrimiento por la injusticia y el júbilo de la liberación siguen siendo los mismos. Cardenal no ha “traducido” los salmos, como si hubiera que transponer al presente algo pasado para hacerlo comprensible y apreciable. El movimiento de su poesía es el contrario: Cardenal intenta expresar el presente y las imágenes y lenguaje bíblicos le ofrecen elementos para ello. Así, una estructura social que ha deshumanizado casi por completo la vida humana se entenderá como exilio de Jerusalén, como alejamiento del hogar.»

 

Aquí les compartimos una poesía de Cardenal.

 

SALMO 15 (16)

 

Y yo le dije:

no hay dicha para mí fuera de ti!

Yo no rindo culto a las estrellas de cine

ni a los líderes políticos

y no adoro dictadores

 

No estamos suscritos a sus periódicos

ni inscritos en sus partidos

ni hablamos con slogans

ni seguimos sus consignas

 

No escuchamos sus programas

ni creemos sus anuncios

 

No nos vestimos con sus modas

ni compramos sus productos

 

No somos socios de sus clubs

ni comemos en sus restaurantes

 

Yo no envidio el menú de sus banquetes

no libaré yo sus sangrientas libaciones!

 

El Señor es mi parcela de tierra en la Tierra Prometida

Me tocó en suerte bella tierra

en la repartición agraria de la Tierra Prometida

 

Siempre estás tú delante de mí

y saltan de alegría todas mis glándulas

 

Aun de noche mientras duermo

y aun en el subconsciente

te bendigo!

 

 

Ernesto Cardenal. (1998). Salmos. Madrid: Editorial Trotta.

Recuperando la mente cristiana

Hay mucho antiintelectualismo en el mundo evangélico hoy. El historiador, Mark A. Noll dice que este antiintelectualismo es un escándalo por muchas razones, entre ellas que no refleja la naturaleza de la fe cristiana. No tenemos por que dejar nuestra mente de lado cuando comenzamos a seguir a Jesús. Si bien Jesús es Señor y Mesías, también es Rabino o Maestro. Quiere enseñarnos cómo formar parte del reino de Dios, cómo ser una nueva humanidad.

 

 

Parte de recuperar la mente evangélica comienza con leer buenos libros que nos ayudan a pensar mejor. Es importantísimo aclarar que el cristiano maduro no sólo lee por información, sino para formación. El intelecto, junto con la imaginación, nos pueden ayudar a convertirnos en mejores discípulos de Jesucristo.

 

Tony Reinke en su libro, Lit! A Christian Guide to Reading Books [Una guía cristiana para la lectura de libros], sugiere que la lectura de diferentes libros incluyendo novelas y otras obras de literatura pueden profundizar nuestra fe y relación con Dios.

 

Nos da 6 pautas para darle prioridad a la lectura:

 

  1. Leer las escrituras
  2. Leer para conocer y deleitarse en Cristo
  3. Leer para encender la reflexión espiritual
  4. Leer para iniciar un cambio personal
  5. Leer para procurar la excelencia vocacional
  6. Leer para disfrutar de una buena historia

 

Reinke también ofrece 5 metas de un lector maduro:

 

  1. Un lector maduro valora la sabiduría
  2. Un lector maduro aprecia los libros antiguos
  3. Un lector maduro da su lugar a la literatura
  4. Un lector maduro evita hacer de un libro un ídolo
  5. Un lector maduro se aferra al Salvador

 

Reinke, Tony. (2001). Lit! A Christian Guide to Reading Books. Wheaton, IL: Crossway, 93-107; 177-185.

 

Las obras de Mark A. Noll: Jesus Christ and the Life of the Mind. (2011). Grand Rapids, MI: Wm. B. Eerdmans Publishing, Co. y también The Scandal of the Evangelical Mind. (1994). Grand Rapids, MI: Wm. B. Eerdmans Publishing Co.

 

Para aprender más sobre la vida de la mente en castellano, véase:

 

John Piper. (2011). Piense: la vida intelectual y el amor de Dios. Nashville, TN: Carol Stream, IL: Tyndale.

John Stott. (2005). Creer es también pensar. Buenos Aires: Certeza.

James Emery White. (2011). Una mente para Dios. Buenos Aires: Peniel.

 

Una oración de Santo Tomás

Santo Tomás de Aquino

Santo Tomás de Aquino

Santo Tomás de Aquino es conocido por ser un prolífico teólogo y relator de algunos de los argumentos más convincentes que señalan a la existencia de Dios. Sin embargo, es poco conocido por sus oraciones. Un día buscando libros en el sótano de un centro comercial en Caracas encontré un libro bilingüe (latín, español) de las oraciones de Santo Tomás. La siguiente oración me conmovió mucho porque logra articular tan bien lo que a veces me cuesta expresar.

 

 

 

Concédeme, Dios misericordioso,
desear ardientemente lo que te agrada,
investigarlo con prudencia,
reconocerlo verazmente,
cumplirlo con perfección,
para alabanza y gloria de tu nombre.

 

Ordena mi estado,
y dame a conocer lo que quieres que haga;
dame ejecutarlo como se debe
y como conviene para la salvación de mi alma.

 

Que mi camino hacia Ti, Señor,
sea seguro, recto, agradable,
y que llegue a término
sin fallar entre lo próspero y lo adverso:
para que en la prosperidad te dé gracias,
y en la adversidad conserve la paciencia,
de tal modo en que aquélla no me exalte
ni en ésta me deprima.

 

Que no me goce ni me duela de nada
sino de lo que lleva a Ti o aleja de Ti.
A nadie desee agradar o tema desagradar sino a Ti.
Que todas las cosas transitorias se me hagan viles por Ti, Señor,
y que todas tus cosas me sean queridas,
y Tú, Dios mío, sobre todas las cosas.

 

Que me fastidie todo gozo sin Ti,
que nada desee fuera de Ti.
Que me deleite, Señor, todo trabajo por Ti
y tedioso me sea todo descanso sin Ti.
Concede que mi corazón se eleve a Ti con frecuencia,
y que en mi flaqueza medite dolido,
con propósito de enmienda.

 

Hazme, Señor Dios, obediente sin contradicción,
pobre sin falta, casto sin corrupción,
paciente sin murmuración, humilde sin fingimiento,
alegre sin disipación, triste sin abatimiento,
maduro sin pesadez, ágil sin liviandad,
temeroso de Ti sin desesperanza, veraz sin duplicidad;
concédeme hacer el bien sin presunción,
corregir al prójimo sin altivez,
edificarlo con la palabra y el ejemplo sin disimulo.

 

Dame, Señor Dios, un corazón vigilante,
que ningún pensamiento curioso aleje de Ti.
un corazón noble,
que ningún afecto indigno rebaje.
Un corazón recto,
que ninguna intención siniestra desvíe.
Un corazón firme,
que ninguna tribulación quebrante.
Un corazón libre,
que ningún afecto violento reivindique para sí.

 

Concédeme, Señor Dios mío,
una inteligencia que te conozca,
un amor que te busque,
una sabiduría que te encuentre,
una vida que te agrade,
una perseverancia que espere confiada en Ti,
una confianza que al fin te alcance. . . .

 

Dios que vives y reinas
por todos los siglos de los siglos.

 

Amén.

 

 

Santo Tomás de Aquino. (1997). Oraciones. Rafael Tomás Caldera y Carlos Augusto Casanova, trad. Caracas: Editorial Ex Libris.

 

También les recomiendo una biografía genial del novelista e intelectual británico G.K. Chesterton:

 

Santo Tomás de Aquino. (1996). Buenos Aires: Ediciones Lohlé-Lumen.

El lamento y la fe

El cristianismo que se predica en muchos lados hoy es un cristianismo superficial. Se predica una fe sin lucha, sin dificultad y sin sufrimiento. Cualquier persona que adhiere a este tipo de pensamiento precisa conocer los salmos de lamento. Los salmistas que tanto lucharon en su relacionar con el Señor no lo hicieron porque poco le conocían sino porque le tenían muy presente en sus vidas. Leé los siguientes reclamos de algunos hombres de Dios en estos salmos imprecatorios:

 

Señor, ¿cuánto tiempo vas a tolerarlo?
Líbrame de los animales rugientes,
salva mi vida de los leones;
y te daré gracias en la gran asamblea,
te alabaré en medio de una multitud.

 

Tú también lo has visto, Señor, no te calles;
No te quedes lejos de mí, Señor:
¡despiértate, levántate, Dios mío;
Señor mío, defiende mi causa! (35:17-18; 22-23)

 

Estoy exhausto de tanto gritar,
y mi garganta se ha enronquecido;
se me ha nublado la vista
de tanto esperar a mi Dios. (69:4)

 

¡Señor, no te quedes callado,
Dios mío, no guardes silencio,
No permanezcas inmóvil! (83:2)

 

Yo invoco tu ayuda, Señor,
desde temprano te llega mi plegaria:
¿Por qué me rechazas, Señor?
¿Por qué me ocultas tu rostro? (88:14)

 

Si nuestra teología (comprensión y de la Palabra revelada del Señor y nuestra experiencia con Él) no nos permite sufrir o sentir la ausencia de Dios en algún momento de la vida, algo anda muy mal.

 

En la vida de cada cristiano, habrán momentos difíciles, momentos de lucha y de duda. Lo importante en esa lucha es volver a recordar quién es Dios y volver a encontrarnos con Él. Las palabras del salmista nos ayudan:

 

Como la cierva sedienta
busca las corrientes de agua,
así mi alma suspira
por ti, mi Dios.

 

Mi alma tiene sed de Dios,
del Dios viviente:
¿Cuándo iré a contemplar
el rostro de Dios?

 

Las lágrimas son mi único pan
de día y de noche,
mientras me preguntan sin cesar:
«¿Dónde está tu Dios?»

 

¿Por qué te deprimes, alma mía?
¿Por qué te inquietas?
Espera en Dios, y yo volveré a darle gracias,
a él, que es mi salvador y mi Dios. (42:2-4, 6)

 

Todas las citas bíblicas son de El libro del Pueblo de Dios (Buenos Aires: San Pablo).

 

San Juan de la Cruz

San Juan de la Cruz

 

También les comparto una poesía del místico español, San Juan de la Cruz, acerca de la noche oscura del alma:

 

Coplas del alma que pena por ver a Dios, del mismo autor.

 

Vivo sin vivir en mí
y de tal manera espero,
que muero porque no muero.

1. En mi yo no vivo ya,
y sin Dios no puedo;
pues sin él y sin mí quedo,
este vivir, ¿qué será?
Mil muertes se me hará,
Pues mi misma vida espero,
Muriendo porque no muero.

2. Esta vida que yo vivo
es privación de vivir;
y así, es continuo morir
hasta que viva contigo.
Oye, mi Dios, lo que digo:
que esta vida no la quiero,
que muero porque no muero.

3. Estando ausente de ti
¿qué vida puedo tener,
sino muerte padecer
la mayor que nunca vi?
Lástima tengo de mí,
pues de suerte persevero,
que muero, porque no muero.

4. El pez que del agua sale
aun de alivio no carece,
que en la muerte que padece
al fin de la muerte le vale.
¿Qué muerte habrá que se iguale
a mi vivir lastimero,
pues si más vivo más muero?

5. Cuando me pienso aliviar
de verte en el Sacramento,
háceme más sentimiento
el no te poder gozar;
todo es para más penar
por no verte como quiero,
y muero porque no muero.

6. Y si me gozo, Señor,
con esperanza de verte,
en ver que puedo perderte
se me dobla mi dolor;
viviendo en tanto pavor
y esperando como espero,
muérome porque no muero.

7. ¡Sácame de aquesta muerte,
mi Dios, y dame la vida;
no me tengas impedida
en este lazo tan fuerte;
mira que peno por verte,
y mi mal es tan entero,
que muero porque no muero.

8. Lloraré mi muerte ya
y lamentaré mi vida,
en tanto que detenida
por mis pecados está.
¡Oh mi Dios!, ¿cuándo será
cuando yo diga de vero:
vivo ya porque no muero?

 

San Juan de la Cruz. (2010). Obras completas. Eulogio Pacho, ed. Burgos, España: Editorial Monte Carmelo., pp. 59-60.