Amar al mundo – Merton

He terminado de leer las pruebas de El medio divino del padre Teilhard de Chardin que me ha enviado Harpers.

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Thomas Merton

Ciertamente, hay que amar al mundo, como él dice. Porque Dios amó al mundo y envió a Su Hijo al mundo para salvarlo.

 

Aquí el mundo significa el cosmos, y todo está centrado en Dios, todo Le busca.

 

El cristianismo debería hacernos «más visiblemente humanos», apasionadamente preocupados por todo lo bueno que existe, que quiere crecer en el mundo y que no puede hacerlo sin nosotros.

 

La indiferencia estoica cultivada por un cierto tipo de espiritualidad cristiana es, por tanto, una tentación diabólica y un vaciamiento de piedad, caridad, interés, así como endurecimiento del corazón, regresión y aislamiento.

 

Su preocupación es admirable, así como su indignación porque «los cristianos ya no esperan nada». Es verdad. Nada grande. Pero esperamos todo lo trivial.

 

Nuestra indiferencia con respecto a los verdaderos valores del mundo justifica nuestra banal atracción por sus falsos valores. Cuando olvidamos la Parusía y el Reino de Dios en el mundo, podemos –pensamos– ser hombres de negocios y hacer dinero de manera segura.

 

Los que aman al mundo en sentido equivocado, lo aman por su propio bien, lo explotan por su propio bien. Quienes lo aman verdaderamente, lo desarrollan, trabajan en él por Dios, para que Dios pueda revelarse en él.

 

Los diarios de Thomas Merton

26 de agosto de 1960: IV. 36-37.

Blues de los refugiados

En el 2015, habían 65,3 millones de personas desplazadas forzosamente a nivel mundial, 21,3 millones de refugiados y 10 millones de personas apátridas (fuente: ACNUR).

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AFP PHOTO / ELVIS BARUKCIC vía El Comercio del Perú

 

A veces, sólo la poesía tiene el poder para conmovernos para que actuemos con compasión. No podemos vivir como si no hubiesen millones de personas en todo el mundo que han perdido familia, amigos y hogares. La poesía de W.H. Auden a mí me tocó y por eso la quise compartir acá.

 

Blues de los refugiados – W.H. Auden, marzo 1939

 

Digamos que en esta ciudad viven unos diez millones,

Unos habitan agujeros, otros habitan mansiones.

Pero no hay un lugar para nosotros, mi amor, no hay un lugar para nosotros.

 

Alguna vez tuvimos un país y nos gustaba

Todavía lo podemos encontrar en un atlas.

Pero ahora, no podemos ir allá, mi amor ahora no podemos ir allá.

 

En la parroquia de nuestro pueblo crece un árbol viejo

Que cada primavera florece de nuevo.

Pero los viejos pasaportes no florecen de nuevo, mi amor, los viejos pasaportes no florecen de nuevo.

 

El cónsul azotó la mesa con prepotente gesto:

“Si no tienen pasaportes, “oficialmente” están muertos.

Pero seguimos vivos, mi amor, seguimos vivos.

 

Fui a un comité, me ofrecieron asiento y me escucharon

Y cortésmente me pidieron que volviera el próximo año.

¿Pero qué vamos a hacer hoy mismo, mi amor, qué vamos a hacer hoy mismo?

 

Fui a oír a los políticos, a un orador que argüía:

“Si los recibimos aquí, nos quitarán nuestro pan de cada día”,

Y hablaba de ti y de mí, mi amor, hablaba de ti y de mí.

 

Creí que era un relámpago lo que atronaba sobre mí,

Pero era Hitler sobre Europa, diciendo: “Deben morir”,

Y pensaba en nosotros, mi amor, pensaba en nosotros.

 

Vi un perro que pasaba muy orondo y abrigado,

Vi que una puerta se abría para que pasara un gato,

Pero ellos no eran judíos alemanes, mi amor, ellos no eran judíos alemanes.

 

Bajé a la orilla del mar y me detuve sobre el muelle

Para ver cómo nadaban en su libertad los peces,

Apenas a unos cuantos metros, mi amor, apenas a unos cuantos metros.

 

Caminé por el bosque, vi en los árboles a los pájaros

Que no tienen políticos, y cantan a su agrado,

Pero no eran de la raza humana, mi amor, no eran de la raza humana.

 

Soñé con un edificio que llega hasta el número mil,

Y tenía mil ventanas y sus puertas eran mil,

Y ninguna era para nosotros, mi amor, ninguna era para nosotros.

 

Me paré en mitad de una explanada cuando la nieve caía,

Diez mil soldados marchaban para abajo y para arriba,

buscándonos a ti y a mí, mi amor, buscándonos.

Lecturas bíblicas para recibir a Jesús

Aquí compartimos una guía con lecturas bíblicas, reflexiones y oraciones para dar la bienvenida a Jesús a nuestros corazones y a nuestro mundo.

La palabra «adviento» viene del latín, «adventus» que significa «venida». Es un momento para reflexionar acerca de las tres venidas de Cristo: primero, su venida histórica, segundo, su venida continua a nuestros oscuros y heridos corazones y tercero, su esperada venida al fin de los tiempos en que traerá la sanación a las naciones.

Es hora de alegrarnos por la luz de la esperanza, la gracia y la verdad que Jesús ha traído. También es hora en que podemos lamentar que la oscuridad aún nos apremia por fuera y por adentro. Es hora de gemir con ansias hasta que venga Jesús a tomar su debido lugar entre nosotros. Anhelamos con ansias la hora cuando ya no habrán más enfermedades, opresión, soledad o desesperación. Cuando todo será como tiene que ser, cuando seremos semejantes a nuestro Señor y Salvador Jesús.

Durante el adviento, simplifiquemos nuestras vidas y estemos atentos a Dios mientras entramos en una profunda alegría y una quieta expectativa de la historia que Él mismo está escribiendo.

En la primera semana del adviento estaremos meditando sobre la venida de Jesús a nuestros corazones. Nuestras lecturas y oraciones se tratarán de preparar nuestros corazones para recibir el reino de Dios. En la segunda semana, estaremos explorando la naturaleza del reino. En la tercera semana, veremos quién es Jesús, el Mesías esperado. En la cuarta semana, meditaremos en la encarnación del Hijo de Dios. ¿Qué significa para nosotros que el Verbo se haya hecho carne y haya vivido entre nosotros?

Cada semana contiene una introducción al tema, algunos pasajes para leer y considerar y una oración. El objetivo de estas lecturas es dejar que la Palabra de Dios more en nuestras mentes y transforme nuestros corazones. Por lo tanto, la idea no es leer rápidamente ni tampoco tomar los textos como simple información. A través de una lectura cuidadosa y devocional, una lectio divina, podemos participar de la historia entretejida en el adviento.

Pueden descargar la guía a través del siguiente enlace:

Lecturas bíblicas para recibir a Jesús, el Cristo

Evangelizadores porfiados

Por tanto, como sabemos lo que es temer al Señor, tratamos de persuadir a todos, aunque para Dios es evidente lo que somos, y espero que también lo sea para la conciencia de ustedes. No buscamos el recomendarnos otra vez a ustedes, sino que les damos una oportunidad de sentirse orgullosos de nosotros, para que tengan con qué responder a los que se dejan llevar por las apariencias y no por lo que hay dentro del corazón. Si estamos locos, es por Dios; y si estamos cuerdos, es por ustedes. El amor de Cristo nos obliga, porque estamos convencidos de que uno murió por todos, y por consiguiente todos murieron. Y él murió por todos, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para el que murió por ellos y fue resucitado.

Así que de ahora en adelante no consideramos a nadie según criterios meramente humanos. Aunque antes conocimos a Cristo de esta manera, ya no lo conocemos así. Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo! Todo esto proviene de Dios, quien por medio de Cristo nos reconcilió consigo mismo y nos dio el ministerio de la reconciliación: esto es, que en Cristo, Dios estaba reconciliando al mundo consigo mismo, no tomándole en cuenta sus pecados y encargándonos a nosotros el mensaje de la reconciliación. Así que somos embajadores de Cristo, como si Dios los exhortara a ustedes por medio de nosotros: «En nombre de Cristo les rogamos que se reconcilien con Dios.» Al que no cometió pecado alguno, por nosotros Dios lo trató como pecador, para que en él recibiéramos la justicia de Dios.

2 Corintios 5:11-21 NVI

 

 

Somos embajadores de Cristo, sus representantes en la tierra. Somos los pies y las manos de Jesús – debemos ir dónde él iría, hacer lo que él haría y decir lo que él diría.

 

Hace poco, un gran amigo me regaló el libro, Evangelizadores porfiados por Leonardo Biolatto. Al final de su libro, nos cuenta algunas características de aquellos embajadores que quiere Cristo.

 

Los evangelizadores porfiados:

 

Creen que Dios es esperanza, es posibilidad, es oportunidad

 

Creen que Dios es gracia

 

No creen que Dios quiera el mal de nadie ni que lo provoque

 

Creen que Dios no desea la violencia que mata

 

No creen en un Jesús maltratado por su Padre ni asesinado por deseo de Dios

 

Creen que Jesús es modelo de ser humano, y no un filósofo desencarnado o un sabio itinerante con una moral interesante

 

Creen que el Hijo de Dios se embarró los pies

 

Creen que Jesús de Nazaret es una respuesta amplia y plena para el ser humano

 

Creen que la resurrección afecta todo el universo

 

Creen que el Espíritu se mueve constantemente

 

Creen que el Reino de Dios es paradójico

 

Creen que las cosas cambian desde abajo

 

Creen que la evangelización tiene que revertir el estado injusto de las cosas

 

Creen que los pequeños son los protagonistas

 

Creen que deben criticar los sistemas

 

Creen que los banquetes son abiertos y para todos, y que en la comida compartida se hace presente el Reino

 

Creen que la evangelización es un servicio y, por ningún concepto, es una colonización

 

Creen que el servicio es el único camino de la evangelización

 

Creen que la vida es para vivirla en plenitud, y esa plenitud tiene que ver con la dignidad de otro

 

Creen que para liberar a los otros oprimidos hay que derramar la sangre propia

 

Creen que el otro es sujeto, no un objeto; un interlocutor, no un destinatario

 

Creen que dejarlo todo tiene sentido, aunque vivamos en una cultura de acumular por acumular

 

Creen que la religión que excluye es falsa

 

Creen que las verdaderas ofrendas y limosnas son las que dignifican al otro

 

Creen que no se necesitan dinero para anunciar la Buena Noticia

 

No creen que evangelizar consista en hacer proselitismo

 

Creen que la evangelización es un compromiso de los discípulos y de Dios para con la humanidad

 

No creen que la fe sea privada

 

No creen que el miedo tenga que reinar en las vidas

 

Creen en la comunicación, en el diálogo abierto, sincero, honesto

 

Creen que el lenguaje universal es el amor

 

Creen que el martirio es una posibilidad

 

Creen que deben tomar la posición de los últimos

 

Creen que tienen poder, pero no poder opresor, sino liberador

 

Creen que amar a Dios y amar al prójimo son dos aristas de un mismo amor

 

Creen que, si la vida no se da por los otros, se hace miserable

 

No creen que su acción necesite un reconocimiento

 

Creen en la utopías

 

 

El evangelismo (el contar sobre Jesús e invitar a las personas a seguir a Jesús) es atrevido. Es decir, algo pasó (Jesús vivió, murió, fue sepultado y resucitó de entre los muertos), debemos responder a lo que pasó (arrepentirnos y bautizarnos) porque algo más habrá de pasar (Jesús viene por segunda vez).

 

¿Tenés vos una convicción tan profunda de que Dios se ha hecho Rey del universo a través de Jesucristo que podrías ser considerado/a un/a evangelista porfiado/a?

Leonardo Biolatto. (2013). Evangelizadores porfiados. Buenos Aires: San Pablo.

Se lee cada vez menos

«Cada vez se leen menos libros mientras que es muy elevado el número de lectores de periódicos, revistas, fascículos y otras publicaciones de esta índole. Pero esta clase de lectores no lee: mira, observa. Contempla con una atención cósmica, cuando en realidad saben leer; sin embargo, sólo miran y luego tiran a la basura.»

 

Esta afirmación no fue escrita hace unos días ni hace unos años. Eugenio Montale escribió estas palabras en el 1961 en su libro, Auto-da-fé: Cronache in due tempi.

 

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Armando Petrucci nos dice que Montale «destacaba la diferencia de actitud en la lectura en las prácticas del estudio y las prácticas del consumo, entre leer para aprender, para recordar y para formarse, y leer por leer, por pasar el tiempo, sólo para divertirse».

 

Si Montale tiene razón, deberíamos preguntarnos por qué se lee cada vez menos.

 

¿Hemos reemplazado la búsqueda de placer y aventura con otros medios? ¿Hemos perdido la capacidad de imaginar al emplear otros medios visuales? ¿Será que hemos abandonado una práctica que infunde vida para luego recurrir a medios que deshumanizan?

 

¿Será que somos más pobres por leer menos?

 

Fuentes:

 

Armando Petrucci. (2011). «Leer por leer: un porvenir para la lectura» en Historia de la lectura en el mundo occidental. Guglielmo Cavallo y Roger Chartier., eds. Buenos Aires: Taurus.

Para comprender mi pequeñez

Agnes Gonxha Bojaxhiu, mejor conocida como Madre Teresa nació en Uskub, una ciudad del imperio otomano el 26 de agosto del 1910. Murió el 5 de septiembre en Calcuta, India.

Teresa de Calcuta nos deja la siguiente reflexión:

 

En el cielo, la Santísima Trinidad debe de haberlo discutido. «¿Cuál es la mejor manera?» Dios amaba tanto al mundo –es decir, a ti y a mí–, que no eligió las riquezas ni la grandeza, sino que se hizo pequeño; no [nació] en un palacio sino de una virgen, y ni siquiera como un niño cualquiera sino en un pesebre. Su madre, María, no esperaba que naciera de este modo, tan extraño. ¿Por qué? Detengámonos y pensemos, ¿por qué? La pobreza debe de ser muy hermosa en el cielo si Jesús se hizo tan pequeño, con la sencillez de los niños, los animales . . . La pobreza debe de ser muy hermosa en el cielo. Jesús podía tenerlo [todo], pero así lo escogió. Podría haber tenido un palacio. Preguntaos: «¿A qué se debe la elección de Jesús?» Para facilitar la respuesta debemos conocer de veras [lo que es la pobreza]; para ser capaces de entender a los pobres debemos saber lo que es la pobreza. ¿Por qué se hizo Jesús tan pobre? Para poder comprender mi pobreza, mi pequeñez, mi debilidad, mi poquedad.

 

Madre Teresa. (2012). Donde hay amor, está Dios. El camino a una íntima unión con Dios y un mayor amor por los demás. Brian Kolodiejchuk, ed., Núria Pujol Valls, trad. Barcelona: Planeta., pp. 47-48.

 

Aquí también compartimos algunas máximas de la Madre Teresa:

 

«Quiero que hagas el esfuerzo de ser santo, no en grandes cosas, porque no tenemos grandes cosas que hacer; pero cuanto más pequeña sea la cosa, mayor el amor.»

 

«La obediencia es el acto más perfecto de amor a Dios. Obedezco, no porque tenga miedo, sino porque amo a Jesús.»

 

«Tememos el futuro porque estamos desperdiciando el hoy.»

Lectura y metamorfosis

La transformación del lector en un poema de Rainer Maria Rilke.

 

 

 

 

 

 

 

El poema se titula Der Leser: “El lector” y dice así:

¿Quién le conoce, a éste que bajó
su rostro, desde un ser hacia un segundo ser,
a quien sólo el veloz pasar páginas plenas
a veces interrumpe con violencia?

Ni siquiera su madre estaría segura
de si él es el que allí lee algo, empapado
de su sombra. Y nosotros, que teníamos horas,
¿qué sabemos de cuánto se le desvaneció

hasta que, con esfuerzo, alzó la vista?
cargando sobre sí lo que, abajo, en el libro,
sucedía, y con ojos, dadivosos, que en vez
de tomar, se topaban a un mundo pleno y listo:

como niños callados que jugaban a solas
y, de pronto, vivencian lo existente;
mas sus rasgos, que estaban ordenados,
quedaron alterados para siempre.

Traducción de F. Bermúdez-Cañete, Nuevos Poemas II.