Dietrich Bonhoeffer: teólogo brillante y apasionado

Hay personas que informan y otras que inspiran. Y hay personas que logran hacer las dos cosas. Dietrich Bonhoeffer es una de ellas.

 

Informar. Bonhoeffer, a pesar de morir joven, dejó muchas enseñanzas. Él enfatizaba la importancia de ser un discípulo de Jesús, la necesidad de una relación correcta delante de Dios a través de Jesús y enseñaba en contra de la religiosidad que dominaba la Europa de ese momento. No era de esos teólogos de la «torre de marfil», aquellos teólogos que estaban desconectados de la realidad cotidiana de la gente y de la iglesia. En cambio, era un pastor conocido y llevaba una relación generosa con los jóvenes que enseñaba acerca de Jesús. Era tan palpable su fe y su convicción, que fue ejecutado en un campo de concentración por orden expreso de Adolf Hitler.

 

Inspirar. Bonhoeffer fue un brillante teólogo. Tenía la capacidad de comunicar la verdad de las sagradas escrituras con eficacia y elocuencia. A pesar de su elevado estilo de escribir, fue un hombre cercano a sus lectores. Se dice que la virtud que reúne a las demás y que hace las demás posible es la fortaleza o valentía. Se podría decir que es la virtud que mejor encarna la vida y esfuerzo teológico de Dietrich Bonhoeffer. Es fácil hablar de «vida en comunidad» o incluso de la «ética» pero vivir con la misma autoridad con la cual uno enseña ya es otro cantar.

 

Dietrich Bonhoeffer teologia y filosofia

 

Aquí les dejo un poema que Bonhoeffer escribió desde la cárcel poco antes de morir por causa de su oposición a la teología nazista:

 

¿Quién soy yo?

 

¿Quién soy yo? Me dicen a menudo
que salgo de mi celda
sereno, risueño y seguro,
como un noble de su palacio.

 

¿Quién soy yo? Me dicen a menudo
cuando hablo con mis carceleros
libre, amistosa y francamente,
como si mandara yo.

 

¿Quién soy yo? Me dicen también
que soporto los días de infortunio
con impasibilidad, sonrisa y orgullo,
como alguien acostumbrado a vencer.

 

¿Soy realmente lo que otros dicen de mí?
¿O bien sólo soy lo que yo mismo sé de mí?
¿Intranquilo, ansioso, enfermo,
cual pajarillo enjaulado,
aspirando con dificultad la vida,
como si me oprimieran la garganta,
hambriento de colores, de flores, de cantos de aves,
temblando de cólera ante la arbitrariedad y el menor agravio,
agitado por la espera de grandes cosas,
impotente y temeroso por los amigos en la infinita lejanía,
cansado y vacío para orar, pensar y crear,
agostado y dispuesto a despedirme de todo?

 

¿Quién soy yo? ¿Éste o aquél?
¿Seré hoy éste, mañana otro?
¿Seré los dos a la vez? ¿Ante los hombres un hipócrita
y ante mí mismo un despreciable y quejumbroso débil?
¿O tal vez lo que aún queda en mí se asemeja al ejército derrotado
que se retira en desorden
sin la victoria que consideraba segura?

 

¿Quién soy yo? Las preguntas solitarias se burlan de mí.
Sea quien sea, Tú me conoces, tuyo soy, ¡oh Dios!

 

Dietrich Bonhoeffer. (2008). Resistencia y sumisión: cartas y apuntes desde el cautiverio. Salamanca: Ediciones Sígueme., pp. 201-2.

 

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Obras por Dietrich Bonhoeffer en castellano:

 

El precio de la gracia: el seguimiento. (2004). Salamanca: Ediciones Sígueme.

 

Ética. (2000). Madrid: Editorial Trotta.

 

Los salmos: el libro de oración de la Biblia. (2010). Bilbao: Editorial Desclée de Brouwer.

 

Resistencia y sumisión: cartas y apuntes desde el cautiverio. (2008). Salamanca: Ediciones Sígueme.

 

Tentación. (1977). Buenos Aires: Asociación Editorial La Aurora.

 

Vida en comunidad. (2005). Salamanca: Ediciones Sígueme.

 

 

40 días con Dietrich Bonhoeffer. Ron Klug, ed. (2008). Cantabria: Editorial Sal Terrae.

 

 

Las siguientes obras son biografías de Bonhoeffer o analizan su pensamiento teológico:

 

*Renate Bethge. (2004). Dietrich Bonhoeffer: esbozo de una vida. Salamanca: Ediciones Sígueme.

 

Christian Feldmann. (2007). Tendríamos que haber gritado: la vida de Dietrich Bonhoeffer. Bilbao: Editorial Desclée de Brouwer.

 

Martin E. Marty. (2011). Letters and Papers from Prison: A Biography. Princeton, NJ: Princeton University Press.

 

*Eric Metaxas. (2012). Bonhoeffer: pastor, mártir, profeta, espía. Nashville, TN: Grupo Nelson.

 

Craig Slane. (2004). Bonhoeffer, o mártir: responsabilidade social e compromisso cristão moderno. São Paulo: Editora Vida Acadêmica.

 

Manfred Svensson. (2011). Resistenia y gracia cara: el pensamiento de Dietrich Bonhoeffer. Barcelona: Editorial CLIE.

 

Wolf-Dieter Zimmermann y Ronald Gregor Smith. (1966). I Knew Dietrich Bonhoeffer: Reminiscences by His Friends. New York: Harper & Row.

 

*Las biografías que más me han gustado.

 

¿Para qué sirve la apologética?

«El cristianismo es . . . raramente comprendido por aquellos fuera de sus fronteras. De hecho, este es probablemente una de las tareas más grandes confrontando el apologeta – rescatar el cristianismo de los malentendidos.»

– Alister McGrath

 

La apologética tiene dos propósitos generales:

  1. Abrir un diálogo con no creyentes acerca de la veracidad de la fe.
  2. Fortalecer la fe de aquellos que ya creen en Dios y en su Palabra.

Cada cristiano, sienta la necesidad o no, debería explorar las razones por qué creemos lo que creemos. La fe cristiana no es una fe ciega. (Esta noción que no proviene de la Escritura se podría atribuir a una mala comprensión de la filosofía de Kierkegaard y su “salto de fe”.)

Tenemos muchísimas razones de peso por las cuales creer en la fe cristiana. Buscar aquellas razones no debilita la integridad de la fe sino mas bien, puede fortalecer el creyente en momentos de duda.

El propósito principal de la apologética es abrir un diálogo con no creyentes acerca de la veracidad de la fe cristiana. Digo diálogo porque muchas veces el supuesto diálogo se reduce a comentarios pasivos en redes sociales o videos en YouTube que carecen de un contexto mayor, buenos razonamientos y sobre todo, una invitación a profundizar el pensamiento.

La apologética debe servir como invitación, como diálogo y no como fin en sí mismo. Cuando ya no existen más barreras para llegar a la fe, la apologética se vuelve innecesaria. Siempre será necesaria pero no para todos y en todo momento. La idea es que la apologética nos lleva al siguiente paso: el evangelismo.

  1. Apologética
  2. Evangelismo
  3. Teología
  4. Espiritualidad
  5. Misión

La apologética sirve únicamente para facilitar el camino hacia el evangelismo. Si busca otro fin que no sea el dar a conocer a Jesús, se ha pervertido y ha perdido toda legitimidad.

El evangelismo (la invitación de conocer y seguir a Jesús) debería llevar a la teología (el estudio de Dios y su revelación natural como Creador y como Comunicador en la Biblia). Ya como cristiano, la teología (la comprensión de la fe) nos ayuda a desarrollar una espiritualidad (le fe en acción). Al ser moldeados en la imagen y semejanza de Cristo, nos comprometemos con la misión de Cristo no sólo buscando parecernos a Él, sino hacer presente su reino aquí en la tierra.

Esteban, uno de los primeros apologistas, cf. Hechos capítulo 7

Esteban, uno de los primeros apologistas, cf. Hechos capítulo 7

Muchos cristianos se han desencantado con la apologética dificultando la llegada de algunos no creyentes ya que ellos no encuentran cristianos con explicaciones comprensibles para la fe cristiana. Y muchos supuestos apologetas hacen más para desacreditar la fe cristiana que dar a conocer su real esencia en amor. Porque a final de cuentas, si nuestra tarea es dar a conocer a Jesús, deberíamos hacerlo como lo haría Jesús – con mucha humildad, amor y compasión.

 

Para más información, véase las siguientes obras:

 

Craig, William Lane, et. al. (2008). ¿Cómo se sabe que el cristianismo es verdadero?. Barcelona: Publicaciones Andamio.

Geisler, Norman y Ron Brooks. (2003). Apologética: herramientas valiosas para la defensa de la fe. Miami: Editorial Unilit.

Green, Michael y Alister McGrath. (2003). ¿Cómo llegar a ellos?: Defendamos y comuniquemos la fe cristiana a los no creyentes. Barcelona: Editorial CLIE.

Küng, Hans. (2010). ¿Existe Dios?. Madrid: Editorial Trotta.

Lewis, C.S. (2006). Mero cristianismo. Nueva York: Rayo.

Ropero, Alfonso. (1979). Filosofía y cristianismo: pensamiento integral e integrador. Barcelona: Editorial CLIE.

Wright. Christopher J.H. (2010). El Dios que no entiendo: reflexiones y preguntas difíciles acerca de la fe. Miami: Editorial Vida.

Wright, N.T. (2012). Simplemente cristiano: el por qué el cristiano tiene sentido. Miami: Editorial Vida.

Oración por los/as teólogos/as

En su día

Lima, 30 de noviembre 2013

 

Ay Señor del cielo y de la tierra

Ten piedad de estos funcionarios de tu reino

Que tantos malos y buenos momentos

Te han hecho pasar

 

Ten piedad de estos escribas

Que han escrito en tu nombre

Para bien y para mal

 

Apiádate buen Dios

De sus ideas pequeñas

Frágiles o punzantes

Sobre tu esencia inaprensible

 

Acaricia con tu clara pasión

Sus cabezas acaloradas por tratar

De contener tu mar

 

Acaricia sus frentes sudorosas

Por tratar de resolver

La raíz cuadrada y el algoritmo

De tu nombre

 

Besa sus ojos

Ciegos de tanta luz

 

Besa sus manos limpias

Y arrójalos a tu camino polvoriento

E impreciso

 

Lleno del lodo miserable

De la historia de este mundo

 

Ay Señor perdónalos

Porque sí saben lo que hacen

 

Límpialos con hisopo

Y serán más blancos que la nieve

 

Abrázalos y tómalos en tu regazo

Y que nadie impida que vengan a ti

Para que Tú con tu mano de albañil

Los bendigas por siempre.

 

– Luis Cruz Villalobos

 

Mientras algunos teólogos escriben tomos interminables sobre Dios y otros hablan como si tuvieran la seguridad de todo lo que pronuncian sus labios, existen otros que están conscientes de su finitud.

 

Richard Rohr, en su libro La Biblia y su espiritualidad, recalca el hecho que lo que deberían siempre acompañar al estudiante de la Palabra de Dios y el objeto de su revelación (Dios y más específicamente Jesucristo), son la humildad y el asombro. Sin estas dos virtudes, somos tentados a la arrogancia.

 

la humildad y el asombro son consecuencias naturales de la contemplación de la creación que señala al Creador todopoderoso

la humildad y el asombro son consecuencias naturales de la contemplación de la creación que señala al Creador todopoderoso

 

Salomón ofrece un sabio consejo:

 

Guarda tus pasos cuando vas a la casa de Dios, y acércate a escuchar en vez de ofrecer el sacrificio de los necios, porque éstos no saben que hacen el mal.

No te des prisa en hablar,
ni se apresure tu corazón a proferir palabra delante de Dios.
Porque Dios está en el cielo y tú en la tierra;
por tanto sean pocas tus palabras.
Porque los sueños vienen de la mucha tarea,
y la voz del necio de las muchas palabras.

Cuando haces un voto a Dios, no tardes en cumplirlo, porque El no se deleita en los necios. El voto que haces, cúmplelo. Es mejor que no hagas votos, a que hagas votos y no los cumplas. No permitas que tu boca te haga pecar, y no digas delante del mensajero de Dios que fue un error. ¿Por qué ha de enojarse Dios a causa de tu voz y destruir la obra de tus manos? Porque en los muchos sueños y en las muchas palabras hay vanidades; tú, sin embargo, teme a Dios.

 

Eclesiastés 5:1-7 LBLA

 

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Luis Cruz Villalobos. (2013). Entre adioses y retornos: poesía. Santiago de Chile: Hebel Ediciones. http://www.benditapoesia.webs.com.

 

Richard Rohr. (2012). La Biblia y su espiritualidad. Cantabria: Editorial Sal Terrae.

Jesús, ¿el hombre más inteligente?

Cuando hablamos de los grandes pensadores de la humanidad, mencionamos a Platón, Sócrates, René Descartes entre otros. Al analizar cada caso, respetamos su capacidad no sólo para pensar, sino también para comunicar una idea o ideología. Son personas que han tomado tiempo para reflexionar, probar ideas y compartir sus conclusiones a través de la escritura.

Los grandes pensadores de la historia han formulado filosofías, otros han hecho importantes descubrimientos científicos, otros han orquestado sinfonías emocionantes. Cada uno se ha destacado por su inteligencia y su contribución para el bien de la humanidad.

Jesus teologia y filosofiaAhora, me pregunto, cuando mencionamos los grandes pensadores y maestros, ¿por qué muy pocas veces hablamos de Jesús? No hay duda que la mayoría de las personas admira sus enseñanzas éticas. Incluso, muchos que niegan su divinidad, llamándole mentiroso, dan un gran valor a la vida moral que promovía. Sin embargo, pocos afirman que Jesús fue un hombre inteligente.

Lamentablemente, en nuestra sociedad hoy en día, la inteligencia se entiende en parte como un rechazo a lo sobrenatural. Algunos dicen, «¿Cómo podemos nosotros, en una época de tecnología y ciencia, creer en un hombre que andaba sanando gente y que supuestamente se resucitó?» Nuestra sociedad señala a la inteligencia de las personas escépticas que afirman sólo lo que puede ser empíricamente comprobado. Hay que ver para creer.

Jesús pasó unos tres años de su ministerio señalando verdades espirituales y llamando a una vida diferente basada en una relación con su Padre. ¿Será por eso que el mundo no le estima? ¿Por eso la gente no le reconoce a Jesús como un ser inteligente?

El filósofo cristiano Dallas Willard escribe, «puede estar seguro que nada fundamental ha cambiado en nuestro conocimiento acerca de la última realidad y del ser humano desde el tiempo de Jesús.» Y no sólo eso, las enseñanzas de Jesús acerca del ser humano y la última realidad no tendrán coherencia con las filosofías que se propagan hoy en día – no por su antigüedad, sino por su naturaleza.

Jesús señala verdades espirituales. Jesús, sintonizado con el Padre, revela la verdad acerca de nuestra vida en este mundo. Willard continua diciendo, «nuestro compromiso con Jesús no puede apoyarse en otro fundamento que reconocer que él es quien conoce la verdad acerca de nuestras vidas y nuestro universo. No es posible creer a Jesús, ni a nadie más, en áreas en los cuales no le creemos competente. No podemos pedir su ayuda y confiar en su colaboración con nuestras vidas si sospechamos que sobrepasarán su conocimiento o sus habilidades.»

¿Podríamos creer a un Señor que nos parece poco listo? ¿Podríamos someternos a un Señor que está poco informado acerca de la realidad del universo? No podríamos tomar en serio a Jesús si no pensamos que realmente está bien informado de todo lo que sucede en nuestro mundo.

La Biblia dice que el mundo fue creado a través de Jesús y que por él todas las cosas subsisten (Colosenses 1:17). Pablo, en la misma epístola escribe que en Jesús están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento (2:3).

Pensemos. Jesús supo transformar la estructura molecular para convertir agua en vino. Jesús supo multiplicar cinco panes y dos peces para alimentar más de cinco mil personas. No debería sorprendernos, que al ver estas cosas, la gente le querrían ponerle como rey de Israel.

Jesús supo sanar el cuerpo humano y hasta supo cómo revivir un muerto. Jesús supo cómo suspender la gravedad, interrumpir el clima y eliminar árboles que no daban fruto sólo con sus palabras.

En cuanto a la ética, nos ha dado un mayor entendimiento de la vida que ha influenciado el mundo más que cualquier otro. Su muerte no fue impuesta, él se entregó voluntariamente sabiendo que iba a resucitar de la muerte. Jesús dijo: «Entrego mi vida para volver a recibirla. Nadie me la arrebata, sino que yo la entrego por mi propia voluntad. Tengo autoridad para entregarla, y tengo también autoridad para volver a recibirla» (Juan 10:17-18).

Todas estas cosas muestran que Jesús tuvo un dominio sobre toda faceta de la realidad: la física (la materia), la moral y la espiritual. Alguien que no puede reconocer el hecho que «Jesús fue el más inteligente», el más grande pensador, el mayor conocedor de la realidad, difícilmente podrá reconocer que «Jesús es Señor».

¡Jesús no sólo es simpático, es brillante! Él es el hombre más inteligente que jamás haya pisado la tierra. Jesús siempre fue, es y para siempre será (Apocalipsis 1:8). Siempre ha tenido la mejor información en cuanto a nuestra existencia aquí en la tierra. Sólo él tiene palabra de vida.

Fuente: Dallas Wilard. (1997). The Divine Conspiracy: Rediscovering Our Hidden Life in God. New York City: Harper Collins.

Para más información, véase:

Kreeft, Peter. (2009). Jesus: o maior filósofo que já existiu. Rio de Janeiro: Thomas Nelson Brasil.

¿Qué tiene que ver Atenas con Jerusalén?

¿Qué tiene que ver la filosofía con la teología? ¿Pueden convivir, hasta complementarse o son totalmente opuestas? ¿Puede existir un debate serio y respetuoso entre la filosofía y la teología?

Tertuliano teologia y filosofia

Tertuliano

Tertuliano, un teólogo de la iglesia primitiva, decía que no. Fue él mismo que reiteró la pregunta ya conocida en su época, «¿Qué tiene que ver Atenas con Jerusalén?, ¿qué la Academia con la Iglesia?». Pannenberg resumió la idea de Tertuliano con la siguiente aclaración:

 

La doctrina cristiana no es en absoluto de la incumbencia de la filosofía y su vinculación con el pensamiento filosófico se paga siempre con la pérdida de su autenticidad como teología revelada (p. 24).

 

El cardenal Pedro Damián (1007-1072), consejero del papa Gregorio VII, en su libro, De divina omnipotentia, dice que la filosofía debería servir a la teología y marchar siempre detrás de ella. Esto señala una actitud generalizada de la relación entre la filosofía y la teología en la Edad Media cuando se trata a la filosofía como «esclava de la teología» (ancilla theologiae). Otros teólogos incluyendo Martín Lutero utilizan duras palabras para criticar la filosofía, sin embargo, no dejan de eludir o terminan rechazando el uso de la filosofía en la teología (p. 24-5).

 

A diferencia a Tertuliano, Justino Mártir, apologista del segundo siglo dice que el cristianismo es «la única filosofía segura y saludable». Ella es quien custodia el principio y el fin de todas las cosas, como quien hace posible que cada uno de nosotros llegue a ser perfecto y feliz (p. 27).

 

Justino Mártir

Justino Mártir

En la antigüedad, la palabra «teología» era una palabra comúnmente usada para hacer referencia a las enseñanzas míticas sobre los dioses. En otras palabras, el vocablo exigía una comprensión distinta en el pasado. Por eso, los padres de la iglesia estuvieron contentos en expresar la verdad cristiana como la «filosofía verdadera». Fue luego con Agustín que surgió formalmente la doctrina de la teología natural que ligó de cierto modo la teología con la filosofía (p. 28).

 

¿Son tan diferentes las preguntas que hacen la filosofía y la teología? ¿No se preocupan ambas ciencias por las cuestiones últimas? Tanto la filosofía y la teología se interesan por la metafísica (qué es lo verdaderamente real); la epistemología (qué es lo que se puede saber); la antropología (qué son los seres humanos); la ética o moral (cómo debe comportarse el ser humano); la escatología (cuál es la meta de la historia humana) entre otras cosas.

 

Los cristianos no tienen porqué sentir un rechazo hacia la filosofía. Mas bien, parece que la filosofía nos puede servir para dialogar con otros pensadores que viven, sienten y buscan el sentido de nuestra existencia. Al utilizar la filosofía como herramienta, podemos formar parte de la gran conversación que comenzó mucho antes que el nacimiento de Cristo. Si bien, la cosmovisión del hombre informada solamente por la razón no puede compararse con la revelación escrita de parte de Dios, no por eso hemos de menospreciar su búsqueda por la verdad mientras sea sincera y honesta.

 

¡Volvamos al diálogo de ideas porque entre la filosofía y la teología no existe ninguna incompatibilidad! ¡Busquemos la verdad con todo nuestro ser sin olvidar la razón y la revelación divina!

 

Pannenberg, Wolfhart. (2002). Una historia de la filosofía desde la idea de Dios: teología y filosofía. 2da ed. Salamanca: Ediciones Sígueme.

 

Para más información, véase:

Brown, Colin. (1968). Philosophy & the Christian Faith: A Historical Sketch from the Middle Ages to the Present Day. Downer’s Grove, IL: IVP Academic.

DeWeese, Garrett J. (2011). Doing Philosophy as a Christian. Downer’s Grove, IL: IVP Academic.

Erickson, Millard. (2008). “Teología y filosofía”. Teología sistemática. 2da ed. Barcelona: Editorial CLIE.

González, Justo L. (2010). “Relación entre la filosofía y la teología”. Historia del pensamiento cristiano. Barcelona: Editorial CLIE.

¿Qué es la teología?

C.S. Lewis, en su libro Mero cristianismo nos ayuda a entender qué es la teología.

 

CS Lewis teologya y filosofiaTodo el mundo me ha advertido que no os diga lo que voy a deciros en este último libro. Dicen: «El lector común no quiere teología: ofrécele simple religión práctica.» Yo he rechazado esta advertencia. No creo que el lector común sea tan necio. Teología significa «la ciencia de Dios», y creo que cualquier hombre que quiera pensar en Dios querría tener sobre El las ideas más claras y más exactas disponibles. Vosotros no sois niños. ¿Por qué iba a trataros como a niños?

 

En cierto modo comprendo por qué algunas personas sienten rechazo por la teología. Recuerdo que una vez, cuando estaba dando una charla para la R.A.F., un viejo y curtido oficial se levantó y dijo: «Todo eso a mí no me sirve. Pero le aclaro que soy un hombre religioso. Sé que Dios existe. Lo he sentido: solo en el desierto, por la noche; el inmenso misterio. Y esa justamente es la razón por la que no creo en todos sus pequeños dogmas y fórmulas acerca de Él. ¡A cualquiera que haya conocido al Dios verdadero, todo eso le parece pedante, mezquino e irreal!»

 

Bien, en un sentido, estoy de acuerdo con ese hombre. Creo que es probable que haya tenido una auténtica experiencia de Dios en el desierto. Y cuando se volvió después a los credos cristianos creo que se estaba volviendo de algo real a algo menos real. Del mismo modo, si un hombre ha mirado alguna vez el Atlántico desde la playa, y luego mira un mapa del Atlántico, también se estará volviendo de algo real a algo menos real: de las olas reales a un trozo de papel coloreado. Pero aquí viene mi argumento. Admitimos que el mapa es sólo papel coloreado, pero hay dos cosas acerca de él que debéis recordar. En primer lugar, está basado en lo que cientos de miles de personas han averiguado navegando por el auténtico Atlántico. En este sentido, tiene detrás una inmensa experiencia tan real como la que podría tenerse desde la playa; sólo que, mientras que la vuestra sería una única y aislada mirada, el mapa hace que todas esas experiencias diferentes concurran en él. En segundo lugar, si queréis ir a alguna parte, el mapa es absolutamente necesario. Mientras os contentéis con paseos por la playa, vuestras propias miradas son mucho más divertidas que contemplar el mapa. Pero el mapa os será más útil que la playa si queréis llegar a América.

 

Pues bien; la teología es como ese mapa. El solo hecho de aprender y pensar acerca de las doctrinas cristianas, si os detenéis ahí, es menos real y menos excitante que la experiencia que mi amigo tuvo en el desierto. Las doctrinas no son Dios: sólo son una especie de mapa. Pero ese mapa está basado en la experiencia de cientos de personas que realmente estuvieron en contacto con Dios…, experiencias comparadas con las cuales cualquier excitante sensación o sentimiento piadoso que vosotros o yo tengamos la posibilidad de encontrar por nosotros mismos son muy elementales y muy confusos. Y en segundo lugar, si queréis llegar más lejos, tendréis que utilizar el mapa. Lo que le ocurrió a ese hombre en el desierto puede haber sido real, y ciertamente habrá sido emocionante, pero de ello no saldrá nada. No lleva a ninguna parte. No hay nada que hacer con ello. De hecho, ésa es justamente la razón por la que una religión vaga —el hecho de sentir a Dios en la naturaleza, etc., — resulta tan atractiva. Es todo emociones y ningún trabajo, como mirar las olas desde la playa. Pero jamás llegaréis a Terranova disfrutando de ese modo del Atlántico, y no conseguiréis la vida eterna simplemente sintiendo la presencia de Dios en las flores o en la música. Tampoco llegaréis a ningún sitio estudiando los mapas sin echaros al mar. Y tampoco estaréis muy seguros echándoos al mar sin un mapa.

 

En otras palabras: la teología es práctica, especialmente ahora. Antiguamente, cuando había menos educación y menos discusión, era tal vez posible seguir adelante con unas pocas ideas muy sencillas acerca de Dios. Pero ahora ya no es así. Todo el mundo lee, participa en discusiones. En consecuencia, si no le hacéis caso a la teología, eso no significará que tengáis menos ideas acerca de Dios. Significará que tenéis muchas ideas equivocadas, malas, confusas, anticuadas. Puesto que una gran parte de las ideas acerca de Dios que se venden hoy en día como novedades son sencillamente las que los auténticos teólogos intentaron hace siglos y acabaron descartando. Creer en la religión popular de la Inglaterra moderna es un retroceso… como creer que la tierra es plana.

 

Porque cuando se llega al fondo de la cuestión, ¿no es la idea popular del cristianismo simplemente esto: que Jesucristo fue un gran maestro moral y que con sólo seguir sus consejos podríamos establecer un nuevo orden social mejor y evitar otra guerra? Claro que esto es verdad. Pero os dice mucho menos que toda la verdad acerca del cristianismo y no tiene ninguna importancia práctica en absoluto.

 

Es bien cierto que si siguiéramos los consejos de Cristo pronto viviríamos en un mundo mejor. Y ni siquiera hace falta llegar tan lejos como Cristo. Si hiciéramos todo lo que Platón o Aristóteles o Confucio nos dijeron nos iría mucho mejor de lo que nos va. ¿Y qué? Jamás hemos seguido los consejos de los grandes maestros. ¿Por qué íbamos a hacerlo ahora? ¿Por qué es más probable que sigamos a Cristo que a cualquiera de los otros? ¿Porque es Él un mejor maestro moral? Pero eso hace aún menos probable que le sigamos. Si no podemos seguir las lecciones elementales, ¿es probable que sigamos las más avanzadas? Si el cristianismo sólo significa unos cuantos buenos consejos más, entonces el cristianismo no tiene importancia. No han faltado buenos consejos en estos últimos 4.000 años. Unos pocos más no supondrán una gran diferencia.

 

Pero en cuanto se examinan unos cuantos auténticos textos cristianos se descubre que hablan de algo muy distinto de esta religión popular. Dicen que Cristo es el Hijo de Dios (sea lo que sea lo que eso signifique). Dicen que aquellos que le entregan su confianza también pueden convertirse en Hijos de Dios (sea lo que sea lo que eso signifique). Dicen que Su muerte nos salvó de nuestros pecados (sea lo que sea lo que eso signifique).

 

No sirve de nada quejarse de que estas afirmaciones son difíciles. El cristianismo pretende estar hablándonos de otro mundo, de algo detrás del mundo que nosotros podemos ver, oír y tocar. Podéis pensar que esta pretensión es falsa, pero si fuera verdad, lo que nos dice sería por fuerza difícil, al menos tan difícil como la física moderna, y por la misma razón.

 

Ahora bien: el punto del cristianismo que nos conmociona más que ningún otro es la afirmación de que, uniéndonos a Cristo, podemos convertirnos en «Hijos de Dios». Uno se pregunta: «¿No somos ya Hijos de Dios? No hay duda de que la paternidad de Dios es una de las ideas cristianas más importantes.» Bueno, en un sentido, no hay duda de que ya somos hijos de Dios. Dios nos ha traído a la existencia y nos ama y cuida de nosotros, y en ese sentido es como un padre. Pero cuando la Biblia habla de «convertirnos» en Hijos de Dios, es evidente que debe querer decir algo diferente. Y eso nos lleva al centro mismo de la teología.