El deber de todo ser humano

En la universidad tuve la oportunidad de estudiar biología. Fue fascinante estudiar el cuerpo humano, los animales y todo lo relacionado con la vida de los seres creados. A mí me llama mucho la atención la investigación científica por como puede mejorar la vida del ser humano a través de nuevos hallazgos en el campo de la medicina entre otros. Sin embargo, pasé más tiempo estudiando la teología: la ciencia de Dios. De estos estudios les dejo les dejo unas palabras de San Agustín acerca del deber del científico. En realidad, es el deber de todo ser humano: ver más allá de la creación y fijarse en el Creador.

 

«¡Te alabo porque soy una creación admirable! ¡Tus obras son maravillosas, y esto lo sé muy bien!» Sal 139:14.

Voy a recordar ahora delante de mi Dios aquel año vigésimo nono de mi vida. Había ya venido a Cartago un cierto obispo de los maniqueos llamado Fausto, que era una verdadera trampa del diablo y a muchos enredaba con el atractivo de su suave elocuencia. Yo, ciertamente, la alababa pero no la confundía con aquella verdad de las cosas de la cual estaba yo tan ávido. Lo que me interesaba no era el hermoso platillo de las palabras, sino lo que pudiera haber de sustanciosa ciencia en la doctrina que el dicho Fausto proponía. Mucho lo había levantado la fama ante mis ojos, como a varón peritísimo en toda clase de honestas disciplinas y especialmente perito en las artes liberales.

 

Y como había yo leído mucho de varios filósofos y lo tenía todo bien claro en la memoria, comparaba algunas de sus afirmaciones con las prolijas fábulas de los maniqueos y mucho más que éstas me parecían dignos de aprobación los principios de aquellos filósofos que fueron capaces de averiguar la naturaleza del mundo, aun cuando al Señor mismo del mundo no lo hayan llegado a conocer. Porque tú, Señor, eres grande, pones los ojos en las cosas humildes y a las grandes las miras desde lejos (Sb 13:9). No te acercas sino a los de corazón contrito, ni te dejas encontrar por los soberbios por más que en su curiosidad y pericia sean capaces de contar las estrellas y conocer y medir los caminos de los astros por las regiones siderales. En estas cosas tienen los sabios puesta su mente según el ingenio que tú les diste y, de hecho, muchas cosas desconocidas han descubierto. Han llegado a predecir con antelación los eclipses del sol y de la luna; en qué día y a qué hora y en qué grado iban a acontecer y no se engañaron en sus cálculos, pues todo sucedió como lo habían predicho. Escribieron luego sobre las leyes descubiertas y eso se lee hasta el día de hoy y sirve de base para anunciar en qué año, en qué mes, en qué día y a qué hora del día y en qué grado va a faltar la luz del sol o de la luna y tales predicciones resultan acertadas.

 

Todo esto llena de asombro y estupor a los que tales cosas ignoran; pero quienes las saben, llenos de complacencia y engreimiento, con impía soberbia se retiran de tu luz; prevén los oscurecimientos del sol pero no ven la oscuridad en que ellos mismos están, ya que no buscan con espíritu de piedad de dónde les viene el ingenio que ponen en sus investigaciones. Y cuando les viene el pensamiento de que tú los creaste no se entregan a ti para que guardes y conserves lo que creaste. Mundanos como llegaron a hacerse, no se inmolan ante ti, no sacrifican como a volátiles sus pensamientos altaneros, ni refieren a ti la curiosidad con que pretenden moverse entre los misterios del mundo como los peces se mueven en los escondidos fondos del mar; ni matan sus lujurias como se matan los animales del campo para que tú, que eres un fuego devorador, consumas sus muertos desvelos para recrearlos en la inmortalidad.

 

Pero no llegaron a conocer el camino. El camino, que es tu Verbo, por quien hiciste lo que ellos cuentan y a los que lo cuentan y el sentido con que perciben lo que cuentan y la inteligencia con que sacan la cuenta; y tu sabiduría no tiene número (Sal 146:5). Tu mismo hijo unigénito se hizo para nosotros sabiduría y justicia y santificación (1Co 1:30), fue contado entre nosotros y pagó tributo al César (Mt 22:21). No conocieron el camino para descender desde sí mismos hacia él para poder ascender hasta él. Ignorando pues este camino se creen excelsos y luminosos como los astros, cuando en realidad se han venido a tierra y se ha oscurecido su corazón (Rm 1:21).

 

Es cierto que muchas cosas verdaderas dicen de la creación, pero no buscan con espíritu de piedad al artífice del universo y por eso no lo encuentran, habiéndolo conocido no lo honran como a Dios, ni le dan gracias, sino que se desvanecen en sus propios pensamientos y se tienen por sabios (Rm 1:21-22), atribuyéndose lo que no es suyo sino tuyo. Por esto mismo te atribuyen a ti, con perversa ceguera, lo que es propio de ellos, suponiendo mentira en ti, que eres la Verdad. Truecan la gloria del Dios incorruptible según la semejanza de la imagen del hombre corruptible y a la imagen de volátiles, de cuadrúpedos y de serpientes (Rm 1:23). Convierten pues tu verdad en mentira y dan culto y servicio no al Creador, sino a la criatura.

 

De estos filósofos retenía yo muchas cosas verdaderas que habían ellos sacado de la observación del mundo y se me alcanzaba la razón de ellas por el cálculo y la ordenación de los tiempos y las visibles atestaciones de los astros. Comparaba yo eso con los dichos de Maniqueo, el cual escribió sobre esos fenómenos muchas cosas delirantes; pero en sus escritos no aparecía en modo alguno la razón de los equinoccios, los solsticios y los eclipses del sol y de la luna según lo tenía yo aprendido en los libros de la ciencia del siglo. Maniqueo me mandaba creer; pero la creencia que me mandaba no convenía con mis cálculos ni con lo que veían mis ojos: se trataba de cosas del todo diferentes.

 

¿Acaso, Señor, el que sabe estas cosas te agrada con sólo saberlas? Infeliz del hombre que sabiendo todo esto no te sabe a ti y dichoso del que a ti te conoce aunque tales cosas ignore. Pero el que las sepa y a ti te conozca no es más feliz por saberlas, sino solamente por ti, si conociéndote te honra como a Dios y te da gracias y no se envanece con sus propios pensamientos.

 

El que posee un árbol y te da las gracias por sus frutos sin saber cuán alto es y cuánto se extienden sus ramas está en mejor condición que otro hombre que mide la altura del árbol y cuenta sus ramas, pero ni lo posee ni conoce ni ama a su creador y, de manera igual, un hombre fiel cuyas son todas las riquezas del mundo y que sin tener nada todo lo posee (2 Co 6:10), con sólo apegarse a ti, a quien sirven todas las criaturas; aunque no conozca los giros de la osa mayor, en mejor condición se encuentra que el que mide el cielo y cuenta los astros y pesa los elementos, pero no se esmera por ti, que todo lo hiciste en número, peso y medida (Sb 11:20).

 

San Agustín, Las confesiones, Libro V, capítulos III y IV.

El estado de nuestro mundo actual

Cualquier ser humano puede darse cuenta del mal que actúa en nuestro mundo. Hasta los niños son testigos de las injusticias que muchos seres humanos sobreviven a diario. Los estudiosos saben que el mal que parece gobernar nuestras sociedades tiene sus raíces históricas. Cuando entramos en cualquier círculo social, sea político, económico e incluso religioso nos damos cuenta que lo que más mueve la cosa es el egoísmo, la avaricia y el orgullo. Nuestro mundo está perdido.

 

Sin embargo, nuestro Dios nos hace una promesa. Dios está reconciliando la creación consigo mismo. Dice que habrán nuevos cielos y nueva tierra. No habrá más llanto ni dolor. Dios nos revela a través de Juan que todos los pueblos se reunirán algún día para rendirle culto a él.

 

Muy buena la promesa de Dios. ¿Pero qué vamos a hacer mientras tanto? ¿Hay remedio para este mundo? ¿ Será que nos toca aguantar no más, hasta el día de juicio?

 

Hay tres posibles respuestas:

 

1.) No podemos hacer nada. Éste mundo está cada día peor, cada día más corrompido. Se están viendo perversidades que la humanidad jamás había visto. Como no se puede hacer nada, cuida lo tuyo y los tuyos. Intenta disfrutar lo que puedes de esta vida porque algún día se tiene que acabar.

 

2.) Menos mal soy cristiano y Dios me ha salvado de todo esto. Claro, de vez en cuando, me salpica el mal que hay en el mundo. Pero por lo menos, no estoy bien metido. Siento lastima por las personas que desconocen de Dios y de la vida que podrían tener si sólo obedecieran a Dios.

 

3.) El mundo está así porque Dios nos dio libre albedrío. Muchos han elegido obrar mal pero yo he decidido obrar bien para el bien de todos. Dios está reconciliando su creación consigo mismo, tanto los seres humanos como la tierra. Yo soy un agente de esta transformación que Dios está realizando. Vivo en su reino, estoy sintonizado con él y con lo que él quiere hacer en este mundo. En vez de sentir lastima por la gente que sufre a causa del mal que hay en el mundo, siento compasión. Y cuanto más veo, más ganas tengo de servirle a mi Dios. Estoy esperando esos nuevos cielos y esa nueva tierra pero también estoy pendiente de compartir la promesa de Dios para que más puedan evitar el mal de este mundo y gozar del nuevo con todos los redimidos de Dios.

 

C.S. Lewis escribió, «Los cristianos que más hicieron por el mundo presente fueron precisamente aquellos que pensaron más en el venidero. Fue a partir de que los cristianos comenzaron a pensar menos en el otro mundo que se hicieron más ineficaces en éste. Apunta al cielo y también le darás a la tierra; apunta a la tierra y no le darás a ninguno.»

 

Que Dios nos guíe en nuestro esfuerzo para compartir el evangelio de Cristo Jesús. Que sintamos con el corazón de Dios para que podamos ver el mundo a través de sus ojos. La política no salva y a veces, tampoco mejora mucho nuestras vidas. Cristo sí salva y nos da vida en abundancia. ¡Vamos, orando y obrando!

Liderazgo cristiano

Mi hermano, Michael Hanegan en su blog escribió la siguiente lista de características que definen a los líderes cristianos. Me gustó mucho y la quería compartir aquí en mi blog en castellano.

 

Liderazgo cristiano:

 

1. Los líderes combinan coherentemente el testimonio de individuos, de la iglesia y del narrativo bíblico.

 

2. Los líderes entienden la unidad de la deidad, la cual contextualiza y da forma a su misión.

 

3. Los líderes ayudan a formar una identidad corporal en la iglesia con una postura escatológica.

 

4. Los líderes confían en la guía y la capacitación por medio del Espíritu Santo y ayudan a los demás a hacer igual.

 

5. Los líderes se preocupan más por el reino de Dios y la formación de los creyentes que programas y propiedades.

 

6. Los líderes no se imponen, viven en solidaridad con los creyentes que juntos a ellos disciernan la voluntad de Dios.

 

Atrévete

Esta noche fui a pasear por el barrio donde crecí. Hay un pequeño camino que lleva a un parque atravesando diferentes barrios. Cuando chico me encantaba ese camino porque allí me sentía verdaderamente libre. Primero, no tenía celular, de hecho, nadie tenía celular así que no me podían llamar a casa. Por lo tanto, allí podía hacer como yo quería. Segundo, era siempre una aventura porque habían muchos otros caminos que brotaban de ese camino. Cada viaje era una nueva aventura.

 

La primera vez que tomé ese camino hace más de quince años tenía miedo. Era un camino totalmente desconocido. Extendía mucho más allá de mi barrio donde yo conocía la movida. Pero después de haber elegido ese camino desconocido, nunca me arrepentí. Fue conocer un nuevo mundo con bonitos paisajes y diferentes  caminos. Aunque no se compara con el armario de Narnia, para mí, era algo maravilloso. En estos momentos significaba un peligro y también bendición.

 

El peligro era que me confundiera y no pudiera volver a casa. De hecho, pasó una vez. Yo había desviado del camino principal buscando otros atajos y nuevas aventuras. Fue después de largo rato que volví a encontrarme con una calle principal que me dirigió a casa.

 

La bendición se hallaba no solamente en el destino, el hermoso parque con pintorescos árboles y un pequeño lago, sino con el mismo trayecto. Fue un abrir de ojos a un nuevo mundo que le parecía muy grande a un niño de tan poca edad.

 

Muchas veces, como cristianos, no nos atrevemos a buscar nuevos caminos donde posiblemente espera la bendición de Dios. A veces en nuestra búsqueda de la voluntad de Dios, nos conformamos con los caminos conocidos, los caminos donde fácilmente regresamos a casa. Pero también en estos caminos hay un peligro – el peligro de no alcanzar la bendición de Dios.

 

Yo he conocido mucha gente que aspiran hacer grandes cosas para Dios. Me imagino que Dios también tiene grandes aspiraciones con ellos. Lamentablemente, muchos de ellos se detienen. Nunca hacen cumplir este sueño de entregar sus vidas tal como habían anhelado por miedo al peligro del camino. En el camino de la voluntad de Dios siempre habrán atajos atractivos que te alejan de él. Pero también habrá el gran parque de la recompensa esperando él que sigue hasta el final.

 

Cualquier que dice que no le da miedo ir donde Dios llama es poco honesto. Tal como Dios llamó a Abram a lugares desconocidos y con poca preparación, Dios hará lo mismo con nosotros si estamos dispuestos a dejar nuestra tierra natal en búsqueda de Su voluntad. Hay peligro por el camino pero aún peor sería perder la bendición que espera al valiente que procura el camino.

 

Atrévete. Atrévete a seguir el camino dondequiera que te lleve, esperando hallar bendiciones en camino hasta alcanzar la máxima bendición que Dios nos puede regalar, Su plena presencia.

The Mosaic

A mosaic consists of thousands of little stones. Some are blue, some are green, some are yellow, some are gold. When we bring our faces close to the mosaic, we can admire the beauty of each stone. But as we step back from it, we can see that all these little stones reveal to us a beautiful picture, telling a story none of these stones can tell by itself.

That is what our life in community is about. Each of us is like a little stone, but together we reveal the face of God to the world. Nobody can say: “I make God visible.” But others who see us together can say: “They make God visible.” Community is where humility and glory touch.

 

— Henri Nouwen

Obedience

I said, “Let me walk in the fields.”
He said, “No, walk in the town.”
I said, “There are no flowers there.”
He said, “No flowers, but a crown.”

I said, “But the skies are black;
There is nothing but noise and din.”
And He wept as He sent me back;
“There is more,” He said; “there is sin.”

I said, “But the air is thick,
And fogs are veiling the sun.”
He answered, “Yet souls are sick,
And souls in the dark undone.”

I said, “I shall miss the light,
And friends will miss me, they say.”
He answered, “choose to-night
If I am to miss you, or they.”

I pleaded for time to be given.
He said, “Is it hard to decide?
It will not seem hard in heaven
To have followed the steps of your Guide.”

I cast one look at the fields,
Then set my face to the town;
He said, “My child, do you yield?
Will you leave the flowers for the crown?”

Then into His hand went mine,
And into my heart came He;
And I walk in a light divine
That path I had feared to see.

– George MacDonald

La sequía espiritual

La sequía nos recuerda de nuestra necesidad de Dios y la lluvia de su bondad.

La semana pasada todos los venezolanos estábamos pendientes de la carencia de lluvia en nuestro país. Hemos experimentado una de las sequías más fuertes en los últimos años. ¡Se sentía en el aire, se notaba en el Ávila y cuánto no hablamos de la falta de lluvia!

Además de la sequía natural, hay una sequía espiritual. Se siente en el aire y se nota en las vidas destrozadas por el pecado. Sin embargo, esa sequía pasa desapercibida o se le atribuye a otras cosas como la política o a los tiempos en que vivimos.

Cuando la Biblia habla de sequía es para recordarnos de nuestra necesidad de Dios. Lamentablemente, no todos estamos sensibles a esta necesidad. Al andar por el centro bajo el sol penetrante sentimos sed y buscamos agua. Al andar por la vida rodeados por tanto pecado y corrupción tenemos hambre y sed de justicia mas no siempre buscamos la fuente de justicia quien es Dios.

Dios quiera que cada uno nos demos cuenta de nuestra necesidad de Él. Que no sigamos llenando nuestras vidas de cosas que más bien nos distraen y nos alejan de Él. Que podamos buscar servir y agradarle al Señor y nadie más para que cuando venga la lluvia, podamos reconocer que es la bondad de Dios, su infinito amor para nosotros.

Oh Dios, tú eres mi Dios;
yo te busco intensamente.

Mi alma tiene sed de ti;
todo mi ser te anhela,
cual tierra seca, extenuada y sedienta.

Te he visto en el santuario
y he contemplado tu poder y tu gloria.

Tu amor es mejor que la vida;
por eso mis labios te alabarán.

Te bendeciré mientras viva,
y alzando mis manos te invocaré.

Mi alma quedará satisfecha
como de un suculento banquete,
y con labios jubilosos
te alabará mi boca.

En mi lecho me acuerdo de ti;
pienso en ti toda la noche.

A la sombra de tus alas cantaré,
porque tú eres mi ayuda.

Mi alma se aferra a ti;
tu mano derecha me sostiene.

Salmo 63:1-8

El gran desafío

Estamos viviendo en momentos difíciles. Hay muchos que están abandonando la fe, dando su espalda a Dios. Ellos citan muchas razones por las cuales prefieren caminar solos por esta turbulenta vida. Entre tantas, dicen que Dios no contesta sus oraciones y que la iglesia está llena de hipocresía.

¿Qué esperaban cuando se bautizaron? ¿Quién les predicó? ¿Acaso no les dijeron que el camino es estrecho y a veces se hace largo y difícil?

A veces pareciera que Dios no contestara mis oraciones. A veces le pido y le pido y le pido y parece que no pasa nada. ¿Qué le estoy pidiendo? ¿Debería sorprenderme cuando Dios niega mi petición por algo que me va a alejar de Él? ¿Se me olvida que Dios siempre dice que sí cuando oro conforme a Su voluntad? ¿Por qué no le pido por lo que le agrada?

A veces pareciera que la iglesia está llena de hipocresía. A veces veo que dicen una cosa y después hacen otra cosa. ¿Dónde estoy yo metido? ¡Yo pensaba que formaba parte de una comunidad piadosa de los redimidos! ¡Si sólo entendiese la voluntad de Dios para la iglesia, que no es un club de santos sino un centro de rehabilitación de pecadores! Al verla así, ¡puedo entender porque Pablo saluda a los santificados en Corinto!

Hoy es el día de la Pascua, el día que celebramos a nivel mundial la resurrección de Jesús. Muchos viven como si Cristo no hubiese resucitado. A veces yo vivo como si Cristo no hubiese resucitado. Quizás yo haya dado pie para que la gente diga que hay hipocresía en la iglesia. Dejando el pasado atrás, hoy celebro la resurrección de Jesús y mi resurrección de la muerte. Hoy celebro que Su gracia me alcanzó, que a pesar de mi maldad, mi inconstancia, mi inmadurez, Cristo murió por mí.

Ahora le pido al Señor con fe y sé que me va a responder que Sí. Le pido que me santifique, que me mantenga siempre en Su camino. Le pido que siga lavando mis pecados y borrando toda mi maldad. Le pido que me perdone los pecados aún ocultos. Le pido que me moldee para yo llegar a ser todo lo que Él espera de mí.

A mi parecer, las personas que dan su espalda a Dios se rinden ante un gran desafío. El desafío no es discernir la voluntad de Dios en la oración ni comprender la piedad de los hermanos. El gran desafío es luchar todos los días. Dios nos provee un tremendo arma en la oración y un gran apoyo en la iglesia. Al negar el poder de la oración y al rechazar la comunión con los hermanos, nos ahorcamos con el nudo del orgullo. Nuestra desilusión con Dios y con la iglesia es realmente una ilusión óptica de Satanás.

Él que no escatimó ni a Su propio Hijo sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará con Él todas las cosas? En medio de tanta incredulidad y desilusión yo me aferro al Dios Altísimo. Llego con mi debilidad, mi flaqueza y me rindo ante el gran Alfarero.

Salvador, a ti me rindo y obedezco sólo a ti.
Mi guiador, mi fortaleza, todo encuentra mi alma en ti.

Te confiesa sus delitos mi contrito corazón.
¡Oye, oh Cristo, mi plegaría! Quiero en ti tener perdón.

A tus pies yo deposito mi riqueza, mi placer.
Que tu Espíritu me llene y de ti sienta el poder.

Yo me rindo a ti. Yo me rindo a ti.
Mis flaquezas y pecados todo traigo a ti.

God’s Patience Despite Our Failings

I know all about the despair of overcoming chronic temptations. It is not serious, provided self-offended petulance, annoyance at breaking records, impatience, etc. don’t get the upper hand. No amount of falls will really undo us if we keep on picking ourselves up each time. We shall of course be very muddy and tattered children by the time we reach home. But the bathrooms are all ready, the towels put out, and the clean clothes in the airing cupboard. The only fatal thing is to lose one’s temper and give it up. It is when we notice the dirt that God is most present in us: it is the very sign of His presence.

– C.S. Lewis

Nuestra identidad en Cristo

Muchos cristianos al caer en pecado dicen, “bueno, pero a pesar de ser ya hijo de Dios, sigo siendo pecador. Todos somos pecadores.” ¿Será verdad?

Ciertamente, antes de ser salvos por la gracia de Dios, éramos pecadores. ¿Pero seguimos siendo pecadores? Muchas veces cuando pecamos, el hecho que apelamos a nuestra naturaleza de pecadores es como una excusa para quitarnos un poco el sentido de la culpabilidad. Es cuando realmente entendemos la obra de Cristo en la cruz para nosotros, que nos damos cuenta que ya no somos pecadores. Ya somos hijos amados de Dios.

Pecamos, sí, cuando deliberadamente elegimos el pecado. Pero el pecado ya no reina en nosotros como antes. Ya no tiene dominio sobre nosotros. Cuando pecamos, vivimos como si fuéramos pecadores. Cuando pecamos estamos negando nuestra verdadera identidad en Cristo Jesús. ¡Ya somos una nueva criatura! El pecado ya no nos caracteriza. Al decir que somos pecadores, negamos la obra de Cristo en nosotros.

Obviamente no dejamos nuestra naturaleza de pecadores atrás por nuestro propio mérito, sino por el mérito de Cristo. Revisan aquí las citas bíblicas para entender nuestra identidad en Cristo. Y jamás digamos que somos pecadores. Aunque pecamos, ya no andamos en tinieblas controlados por el pecado. Ya somos hijos muy amados de Dios.

Soy hijo de Dios – Juan 1:12

Yo he sido justificado y estoy en paz con Dios – Romanos 5:1

Soy libre de condenación – Romanos 8:1

Estoy vivo junto con Jesús – Colosenses 2:13

Yo no puedo estar separado del amor de Dios – Romanos 8:38-39

Estoy sentado con Cristo en las regiones celestiales – Efesios 2:4, 6

El Espíritu de Dios vive en mí – Romanos 8:9

Jesús es mi vida – Colosenses 3:4

Estoy siendo transformado a la semejanza de Cristo – 2 Corintios 3:18

¡Que Dios les bendiga!