Atrévete

Esta noche fui a pasear por el barrio donde crecí. Hay un pequeño camino que lleva a un parque atravesando diferentes barrios. Cuando chico me encantaba ese camino porque allí me sentía verdaderamente libre. Primero, no tenía celular, de hecho, nadie tenía celular así que no me podían llamar a casa. Por lo tanto, allí podía hacer como yo quería. Segundo, era siempre una aventura porque habían muchos otros caminos que brotaban de ese camino. Cada viaje era una nueva aventura.

 

La primera vez que tomé ese camino hace más de quince años tenía miedo. Era un camino totalmente desconocido. Extendía mucho más allá de mi barrio donde yo conocía la movida. Pero después de haber elegido ese camino desconocido, nunca me arrepentí. Fue conocer un nuevo mundo con bonitos paisajes y diferentes  caminos. Aunque no se compara con el armario de Narnia, para mí, era algo maravilloso. En estos momentos significaba un peligro y también bendición.

 

El peligro era que me confundiera y no pudiera volver a casa. De hecho, pasó una vez. Yo había desviado del camino principal buscando otros atajos y nuevas aventuras. Fue después de largo rato que volví a encontrarme con una calle principal que me dirigió a casa.

 

La bendición se hallaba no solamente en el destino, el hermoso parque con pintorescos árboles y un pequeño lago, sino con el mismo trayecto. Fue un abrir de ojos a un nuevo mundo que le parecía muy grande a un niño de tan poca edad.

 

Muchas veces, como cristianos, no nos atrevemos a buscar nuevos caminos donde posiblemente espera la bendición de Dios. A veces en nuestra búsqueda de la voluntad de Dios, nos conformamos con los caminos conocidos, los caminos donde fácilmente regresamos a casa. Pero también en estos caminos hay un peligro – el peligro de no alcanzar la bendición de Dios.

 

Yo he conocido mucha gente que aspiran hacer grandes cosas para Dios. Me imagino que Dios también tiene grandes aspiraciones con ellos. Lamentablemente, muchos de ellos se detienen. Nunca hacen cumplir este sueño de entregar sus vidas tal como habían anhelado por miedo al peligro del camino. En el camino de la voluntad de Dios siempre habrán atajos atractivos que te alejan de él. Pero también habrá el gran parque de la recompensa esperando él que sigue hasta el final.

 

Cualquier que dice que no le da miedo ir donde Dios llama es poco honesto. Tal como Dios llamó a Abram a lugares desconocidos y con poca preparación, Dios hará lo mismo con nosotros si estamos dispuestos a dejar nuestra tierra natal en búsqueda de Su voluntad. Hay peligro por el camino pero aún peor sería perder la bendición que espera al valiente que procura el camino.

 

Atrévete. Atrévete a seguir el camino dondequiera que te lleve, esperando hallar bendiciones en camino hasta alcanzar la máxima bendición que Dios nos puede regalar, Su plena presencia.

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