Nuestra identidad en Cristo

Muchos cristianos al caer en pecado dicen, “bueno, pero a pesar de ser ya hijo de Dios, sigo siendo pecador. Todos somos pecadores.” ¿Será verdad?

Ciertamente, antes de ser salvos por la gracia de Dios, éramos pecadores. ¿Pero seguimos siendo pecadores? Muchas veces cuando pecamos, el hecho que apelamos a nuestra naturaleza de pecadores es como una excusa para quitarnos un poco el sentido de la culpabilidad. Es cuando realmente entendemos la obra de Cristo en la cruz para nosotros, que nos damos cuenta que ya no somos pecadores. Ya somos hijos amados de Dios.

Pecamos, sí, cuando deliberadamente elegimos el pecado. Pero el pecado ya no reina en nosotros como antes. Ya no tiene dominio sobre nosotros. Cuando pecamos, vivimos como si fuéramos pecadores. Cuando pecamos estamos negando nuestra verdadera identidad en Cristo Jesús. ¡Ya somos una nueva criatura! El pecado ya no nos caracteriza. Al decir que somos pecadores, negamos la obra de Cristo en nosotros.

Obviamente no dejamos nuestra naturaleza de pecadores atrás por nuestro propio mérito, sino por el mérito de Cristo. Revisan aquí las citas bíblicas para entender nuestra identidad en Cristo. Y jamás digamos que somos pecadores. Aunque pecamos, ya no andamos en tinieblas controlados por el pecado. Ya somos hijos muy amados de Dios.

Soy hijo de Dios – Juan 1:12

Yo he sido justificado y estoy en paz con Dios – Romanos 5:1

Soy libre de condenación – Romanos 8:1

Estoy vivo junto con Jesús – Colosenses 2:13

Yo no puedo estar separado del amor de Dios – Romanos 8:38-39

Estoy sentado con Cristo en las regiones celestiales – Efesios 2:4, 6

El Espíritu de Dios vive en mí – Romanos 8:9

Jesús es mi vida – Colosenses 3:4

Estoy siendo transformado a la semejanza de Cristo – 2 Corintios 3:18

¡Que Dios les bendiga!

Lo que más importa

“Lo que más importa es cómo te ves a ti mismo.” Al revisar el perfil de un hermano de la iglesia encontré esa imagen. Suena bien, ¿verdad? ¡No importa lo que piensan los demás de mí! ¡Yo sé que soy buena gente y eso es lo que importa!

 Creo que como cristianos podemos fácilmente caer en la trampa de pensar que “lo que más importa es cómo te ves a ti mismo.” La escritura deja claro que ese tipo de pensamiento es engaño de Satanás. El hombre, sin Dios, no es capaz de reconocer su propia maldad. Necesitamos conocer a Dios y Su plan para nuestras vidas para darnos cuenta de nuestras fallas.

Uno de las artimañas más empleadas por Satanás es el orgullo. Ese pecado no nos permite vernos a nosotros mismos como Dios nos ve. Si no tomamos en cuenta la Palabra de Dios, fácilmente podríamos vernos como perfectos, o con muy pocos defectos. Podríamos creernos muy fuertes cuando en realidad somos débiles.

Cuando Dios nos dice que somos hijos de él (1 Juan 3), podemos dejar a un lado la percepción que tenemos de nosotros mismos. No hace falta un espejo ni un psicólogo para ayudarnos a descubrir quienes somos y de qué somos capaces. Somos hijos del Rey. Si es así, realmente no importa si somos fuertes o no porque Dios muestra su gran poder en nuestra debilidad. No importa si somos inteligentes porque nuestro Padre Dios es el autor de toda inteligencia y la sabiduría viene de él.

Mensajes como “lo que más importa es cómo te ves a ti mismo” son sencillamente filosofías humanitas y por lo tanto, no provienen de Dios ni de Su Palabra. Deberíamos cuidarnos. Suena bien, ¿verdad? Pero no está bien.

Lo que más importa es cómo Dios te ve.