El gran desafío

Estamos viviendo en momentos difíciles. Hay muchos que están abandonando la fe, dando su espalda a Dios. Ellos citan muchas razones por las cuales prefieren caminar solos por esta turbulenta vida. Entre tantas, dicen que Dios no contesta sus oraciones y que la iglesia está llena de hipocresía.

¿Qué esperaban cuando se bautizaron? ¿Quién les predicó? ¿Acaso no les dijeron que el camino es estrecho y a veces se hace largo y difícil?

A veces pareciera que Dios no contestara mis oraciones. A veces le pido y le pido y le pido y parece que no pasa nada. ¿Qué le estoy pidiendo? ¿Debería sorprenderme cuando Dios niega mi petición por algo que me va a alejar de Él? ¿Se me olvida que Dios siempre dice que sí cuando oro conforme a Su voluntad? ¿Por qué no le pido por lo que le agrada?

A veces pareciera que la iglesia está llena de hipocresía. A veces veo que dicen una cosa y después hacen otra cosa. ¿Dónde estoy yo metido? ¡Yo pensaba que formaba parte de una comunidad piadosa de los redimidos! ¡Si sólo entendiese la voluntad de Dios para la iglesia, que no es un club de santos sino un centro de rehabilitación de pecadores! Al verla así, ¡puedo entender porque Pablo saluda a los santificados en Corinto!

Hoy es el día de la Pascua, el día que celebramos a nivel mundial la resurrección de Jesús. Muchos viven como si Cristo no hubiese resucitado. A veces yo vivo como si Cristo no hubiese resucitado. Quizás yo haya dado pie para que la gente diga que hay hipocresía en la iglesia. Dejando el pasado atrás, hoy celebro la resurrección de Jesús y mi resurrección de la muerte. Hoy celebro que Su gracia me alcanzó, que a pesar de mi maldad, mi inconstancia, mi inmadurez, Cristo murió por mí.

Ahora le pido al Señor con fe y sé que me va a responder que Sí. Le pido que me santifique, que me mantenga siempre en Su camino. Le pido que siga lavando mis pecados y borrando toda mi maldad. Le pido que me perdone los pecados aún ocultos. Le pido que me moldee para yo llegar a ser todo lo que Él espera de mí.

A mi parecer, las personas que dan su espalda a Dios se rinden ante un gran desafío. El desafío no es discernir la voluntad de Dios en la oración ni comprender la piedad de los hermanos. El gran desafío es luchar todos los días. Dios nos provee un tremendo arma en la oración y un gran apoyo en la iglesia. Al negar el poder de la oración y al rechazar la comunión con los hermanos, nos ahorcamos con el nudo del orgullo. Nuestra desilusión con Dios y con la iglesia es realmente una ilusión óptica de Satanás.

Él que no escatimó ni a Su propio Hijo sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará con Él todas las cosas? En medio de tanta incredulidad y desilusión yo me aferro al Dios Altísimo. Llego con mi debilidad, mi flaqueza y me rindo ante el gran Alfarero.

Salvador, a ti me rindo y obedezco sólo a ti.
Mi guiador, mi fortaleza, todo encuentra mi alma en ti.

Te confiesa sus delitos mi contrito corazón.
¡Oye, oh Cristo, mi plegaría! Quiero en ti tener perdón.

A tus pies yo deposito mi riqueza, mi placer.
Que tu Espíritu me llene y de ti sienta el poder.

Yo me rindo a ti. Yo me rindo a ti.
Mis flaquezas y pecados todo traigo a ti.

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