Todo cambia

Cambia lo superficial
Cambia también lo profundo
Cambia el modo de pensar
Cambia todo en este mundo

Cambia el clima con los años
Cambia el pastor su rebaño
Y así como todo cambia
Que yo cambie no es extraño

Cambia el más fino brillante
De mano en mano su brillo
Cambia el nido el pajarillo
Cambia el sentir un amante

Cambia el rumbo el caminante
Aunque esto le cause daño
Y así como todo cambia
Que yo cambie no es extraño

Cambia, todo cambia
Cambia, todo cambia

Cambia el sol en su carrera
Cuando la noche subsiste
Cambia la planta y se viste
De verde en la primavera

Cambia el pelaje la fiera
Cambia el cabello el anciano
Y así como todo cambia
Que yo cambie no es extraño

Pero no cambia mi amor
Por mas lejos que me encuentre
Ni el recuerdo ni el dolor
De mi tierra y de mi gente

Y lo que cambió ayer
Tendrá que cambiar mañana
Así como cambio yo
En esta tierra lejana.

– Julio Numhauser, chileno.

The Road Not Taken

Two roads diverged in a yellow wood,
And sorry I could not travel both
And be one traveler, long I stood
And looked down one as far as I could
To where it bent in the undergrowth;

Then took the other, as just as fair,
And having perhaps the better claim,
Because it was grassy and wanted wear;
Though as for that the passing there
Had worn them really about the same,

And both that morning equally lay
In leaves no step had trodden black.
Oh, I kept the first for another day!
Yet knowing how way leads on to way,
I doubted if I should ever come back.

I shall be telling this with a sigh
Somewhere ages and ages hence:
Two roads diverged in a wood, and I –
I took the one less traveled by,
And that has made all the difference.

Robert Frost (1874-1963), Mountain Interval, 1920.

El camino no tomado

Dos caminos divergían en un bosque amarillo,
y apenado de no poder viajarlos ambos
y ser un único viajero, permanecí largo rato
y contemplé por uno tan lejos como podía
para ver adónde se perdía en la vegetación;

entonces tomé el otro, tan recto como iluminado,
y teniéndolo tal vez como el más apropiado,
porque estaba cubierto de hierba y era incitante;
aunque para el que pasa por allí
tenían los dos realmente la misma utilidad.

Y ambos igualmente yacían en aquella mañana
en hojas que ningún paso había manchado de sombra.
Ah, ¡dejé el primero para otro día!
Aun sabiendo cómo el camino conduce al camino,
dudé si habría de volver alguna vez.

Estaré diciendo esto con un suspiro
en algún lugar a edades y edades de aquí:
dos caminos divergían en un bosque y yo…
yo tomé aquel que era el menos transitado,
y eso ha hecho toda la diferencia.

Robert Frost (1874-1963), Mountain Interval, 1920.